
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes una moratoria de cinco días sobre los ataques anunciados contra la infraestructura energética de Irán, horas antes de que expirara el ultimátum de 48 horas que él mismo había lanzado el sábado exigiendo a Teherán la reapertura del estrecho de Ormuz.

Irán advirtió este domingo que considerará objetivos legítimos las infraestructuras energéticas y petroleras de toda la región de Oriente Próximo si Estados Unidos ataca sus centrales eléctricas, en respuesta al ultimátum lanzado por el presidente Donald Trump la noche del sábado.

Estados Unidos está desplegando unos 5.000 infantes de Marina y media docena de buques de guerra hacia el Golfo Pérsico en la mayor ampliación de fuerzas desde el inicio de la guerra contra Irán el 28 de febrero. El despliegue se produce mientras la aviación estadounidense intensifica los bombardeos contra posiciones iraníes en la costa y las islas del estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y que Irán mantiene prácticamente cerrado desde el comienzo del conflicto.

El Ministerio de Defensa británico condenó este sábado el lanzamiento de dos misiles balísticos iraníes de alcance intermedio contra la base conjunta estadounidense-británica de Diego García, en el archipiélago de Chagos, en el Océano Índico. Ninguno de los proyectiles alcanzó la instalación militar.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arreció este viernes sus críticas contra los aliados de la OTAN al calificarlos de cobardes por negarse a contribuir a la reapertura del estrecho de Ormuz euronews, la vía marítima estratégica que permanece efectivamente cerrada desde el inicio del conflicto con Irán. En un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump declaró que sin el ejército estadounidense, la OTAN no es más que un tigre de papel, y amenazó con que Washington recordará la postura de sus aliados.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sugirió este jueves que una ofensiva aérea por sí sola no bastaría para provocar la caída del régimen iraní, mientras el conflicto entró en una nueva fase marcada por ataques contra instalaciones energéticas en el Golfo y nuevas advertencias sobre el estrecho de Ormuz.

La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos escaló este miércoles con un ataque contra South Pars, la porción iraní del mayor yacimiento de gas natural del mundo, compartido con Qatar. Reuters informó que el golpe contra esa infraestructura marcó una nueva fase del conflicto, al alcanzar por primera vez en esta guerra instalaciones energéticas iraníes de peso estratégico, y fue seguido por amenazas y ataques iraníes contra objetivos energéticos en el Golfo.

Joe Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, renunció este martes con efecto inmediato y atribuyó su salida a su rechazo a la guerra de Washington contra Irán, en la primera ruptura pública de alto nivel dentro del aparato de seguridad de Donald Trump desde el inicio de la ofensiva. Kent sostuvo que Teherán no representaba una “amenaza inminente” para Estados Unidos.

Arabia Saudí está intensificando el uso de su red de oleoductos hacia el mar Rojo para mantener exportaciones de crudo mientras el estrecho de Ormuz sigue gravemente alterado por la guerra con Irán. La ruta clave es el sistema Abqaiq-Yanbu, también conocido como oleoducto Este-Oeste o Petroline, que conecta los campos del Golfo con la terminal de Yanbu, sobre el mar Rojo. Esa infraestructura se ha convertido en la principal vía de escape saudí para evitar el paso por Ormuz, por donde normalmente circula alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.

Alemania rechazó este lunes la petición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que sus aliados envíen buques de guerra al estrecho de Ormuz para ayudar a reabrir la ruta marítima. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, cuestionó qué podrían hacer “un puñado” de fragatas europeas que la Armada estadounidense no pudiera hacer ya y zanjó la posición alemana con una frase directa: “Esta no es nuestra guerra”. El portavoz del canciller Friedrich Merz añadió que el conflicto “no es la guerra de la OTAN” y que Berlín no tiene planes de verse arrastrado a él.