El mercado ya no está reaccionando solo a los combates, sino al riesgo concreto sobre la oferta. Foto: Getty Images El petróleo se convirtió esta semana en el principal termómetro de la crisis en Oriente Medio, con el Brent rondando los US$ 90 por barril y el WTI en torno a US$ 87,5, en una escalada que encamina a ambos contratos a su mayor avance semanal desde 2020. Detrás del salto está el mismo factor: el bloqueo de hecho del estrecho de Ormuz, por donde normalmente pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
El Brent subía 24% en la semana y el WTI casi 30%, después de que la guerra interrumpiera embarques y mantuviera paralizado durante siete días el tránsito energético por el paso marítimo más sensible del planeta. Según ese cálculo, unos 140 millones de barriles no pudieron llegar al mercado en ese lapso, equivalente a alrededor de 1,4 días de demanda global.
El mercado ya no está reaccionando solo a los combates, sino al riesgo concreto sobre la oferta. Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y canaliza exportaciones de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Aunque existen algunas rutas alternativas por oleoducto, “la mayoría” de los volúmenes que cruzan el estrecho no tiene otra salida viable, según la referencia citada por AP de la EIA estadounidense.
La presión alcista se agravó con nuevas advertencias desde el Golfo. El ministro de Energía de Qatar dijo que todos los exportadores energéticos del Golfo podrían verse forzados a suspender embarques en cuestión de semanas, un escenario que podría llevar el crudo a US$ 150 por barril, según reportó Reuters. Ese umbral todavía no es la referencia base del mercado, pero sí muestra cómo los operadores están empezando a poner precio a una disrupción prolongada y no a un shock breve.
La reacción en los activos financieros fue inmediata, pero subordinada al petróleo. En Wall Street, el alza del crudo coincidió con una caída de las bolsas: a media jornada del viernes, el Dow Jones cedía 1,85%, el S&P 500 bajaba 1,57% y el Nasdaq retrocedía 1,40%, mientras las aerolíneas quedaban entre los sectores más castigados por el encarecimiento esperado del combustible.
El encarecimiento de la energía también vuelve a complicar la discusión inflacionaria. El deterioro del empleo en Estados Unidos —con una caída de 92.000 puestos en febrero y una suba del desempleo a 4,4%— reactivó apuestas a recortes de tasas, pero el petróleo más caro empuja en la dirección contraria porque amenaza con trasladarse a combustibles, transporte y precios al consumidor.
La clave ahora no es solo cuánto subió el barril, sino cuánto tiempo puede sostenerse arriba. Analistas estiman que una interrupción parcial de una o dos semanas podría absorberse, pero que un cierre casi total durante un mes o más empujaría al crudo claramente a tres dígitos. En otras palabras, el mercado ya dejó atrás la fase de susto inicial y empezó a valorar un escenario de escasez real.