El politólogo Andrés Malamud, del Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, resumió su previsión señalando que ocurrirá lo mismo que con Groenlandia, es decir, nada Especialistas argentinos en política internacional consultados esta semana coinciden en que la declaración de Donald Trump sobre una eventual revisión de la posición estadounidense respecto de las Falklands/Malvinas responde a la presión sobre Londres y no a un cambio de fondo sobre la soberanía del archipiélago.
El presidente estadounidense respondió el lunes, preguntado sobre el asunto en el Despacho Oval: Siempre reviso cada posición. Es solo una de muchas. El presidente argentino, Javier Milei, calificó las palabras de algo muy fuerte y anunció un mensaje a la nación para este jueves.
El politólogo Claudio Fantini sostiene que debe leerse como una advertencia, no como un anuncio. A su juicio, la motivación no es el debate sobre el gasto en defensa de la OTAN sino la negativa británica a autorizar el uso de bases en su territorio para operaciones contra Irán, con un componente ideológico añadido, dado que se trata en ambos casos de gobiernos laboristas. Recordó que, cuando Corea del Sur rechazó colaborar en ese mismo conflicto, Washington amenazó con reducir los ejercicios militares conjuntos en la península. Aun así, considera que Argentina debe subrayar la declaración y no dejarla pasar.
Gabriel Puricelli, del Laboratorio de Políticas Públicas, describe el archipiélago como el pretexto más a mano para forzar al Gobierno de Andy Burnham a elevar el gasto militar hasta el 3 % del producto interior bruto. Los intereses de Argentina no entran en absoluto en consideración en su posible revisión de la postura sobre el estatuto legal de las islas del Atlántico Sur, afirmó.
El politólogo Andrés Malamud, del Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, resumió su previsión señalando que ocurrirá lo mismo que con Groenlandia, es decir, nada. El exembajador Diego Guelar, que representó a Argentina en Washington, Brasilia y Pekín, sostiene que un cambio estratégico de esa naturaleza requeriría consulta al Congreso estadounidense y que no alcanza con su opinión, aunque admite que, de producirse, debilitaría la posición británica.
Dentro del Gobierno argentino conviven registros distintos. El canciller Pablo Quirno adoptó un tono contenido: Sobre lo que no tenemos control, no operamos, declaró, y añadió que corresponde hacer los deberes para que el reclamo sea escuchado. El asesor presidencial Santiago Caputo publicó en cambio en sus redes que Inglaterra es el pasado, Argentina es el futuro y que resultaría extraño que Estados Unidos no revisara su postura.
Diplomáticos argentinos citados por el diario Infobae matizaron que un eventual voto favorable de Washington en Naciones Unidas sería más simbólico que político y que en lo concreto no cambia en nada. En junio, el Comité de Descolonización aprobó por consenso una resolución que insta al Reino Unido a negociar, la misma que Londres desatiende desde 1965.
El Gobierno británico ha reiterado que su posición no ha cambiado y que su compromiso con los isleños es inquebrantable.