Venezuela se había jactado de poseer una de las redes de defensa aérea más sólidas de Latinoamérica. Sin embargo, esos activos fueron neutralizados durante los primeros minutos de la ofensiva Un militar venezolano que se encontraba en la Academia Militar de la Meseta de Mamo (La Guaira) relató que durante el bombardeo estadounidense del 3 de enero los radares y sistemas electrónicos quedaron inutilizados “en segundos”, impidiendo cualquier respuesta organizada. “No dio tiempo de contraatacar. Fueron muy rápidos”, dijo bajo condición de anonimato en un testimonio publicado por La Hora de Venezuela y replicado por medios locales.
Según su relato, el primer impacto se escuchó cerca de la 1:50 a.m. y, en un lapso de apenas segundos, cayeron ocho misiles y una bomba. “Los edificios temblaban y las ventanas estallaban. Era un estruendo imposible de olvidar”, afirmó. Cuando cesaron los ataques, explicó, las detonaciones continuaron durante varios minutos debido al material bélico almacenado en el lugar. “Fuego con fuego causa más fuego”, resumió.
Tras el bombardeo, el militar reunió a su equipo y abandonaron la base para resguardar sus vidas. “Fue espantoso, pero sabíamos que podía pasar. La preparación nos salvó”, aseguró. Según el gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, al menos una persona murió en la zona, aunque cifras posteriores del gobierno hablaron de más de 80 fallecidos en todo el país.
“Si nos hubieran tomado desprevenidos, habrían sido cientos de muertos”, dijo el militar, quien también señaló que los ataques en Carmen de Uria y en el puerto de La Guaira tuvieron como objetivo instalaciones donde el gobierno exhibía equipos militares rusos. “A las instalaciones les lanzaron más duro. Cada explosión era un terror incalculable”, agregó.
Ataque dos EUA à Venezuela contou com helicópteros de combate e transporte
— Sputnik Brasil (@sputnik_brasil) January 3, 2026
Imagens nas redes sociais mostram helicópteros militares dos EUA sobrevoando Caracas durante a ofensiva contra a Venezuela, com algumas aeronaves realizando disparos de canhão e lançando… pic.twitter.com/akibsjwiuP
Tecnología y guerra electrónica
Washington bautizó la incursión como “Operación Resolución Absoluta”. El presidente Donald Trump aseguró el 5 de enero que Estados Unidos usó tecnología “que nadie más tiene” para “apagar los radares como un interruptor de luz”, calificando la operación como “perfecta, de manual”. Trump destacó el rol de los EA-18G Growler, aeronaves de guerra electrónica de la Armada estadounidense capaces de interferir radares y comunicaciones enemigas.
De acuerdo con fuentes técnicas, el Growler es una versión especializada del F/A-18 Super Hornet que puede bloquear sistemas de radar, inutilizar redes de defensa y apoyar ataques de precisión mediante la supresión de la percepción situacional del adversario.
En contraste, las fuerzas venezolanas habían presumido de poseer una de las redes antiaéreas “más avanzadas de América Latina”. Venezuela había adquirido sistemas de misiles Buk-M2E de fabricación rusa y radares JY-27 de origen chino, promocionados como capaces de detectar aeronaves furtivas como el F-35. Sin embargo, según fuentes consultadas por Reuters y AFP, la infraestructura quedó neutralizada en los primeros minutos del ataque.
La crisis tras la captura de Maduro
La operación del 3 de enero terminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, de Venezuela. La líder interina Delcy Rodríguez declaró posteriormente un período de luto por los oficiales asesinados, mientras que Caracas denunció el ataque estadounidense como una violación de la soberanía.
En paralelo, el Ejecutivo anunció liberaciones de detenidos como “gesto” político. El Ministerio de Servicios Penitenciarios afirmó el 12 de enero haber excarcelado 116 personas, pero la ONG Foro Penal reportó un número menor y familias siguieron aguardando fuera de centros de detención.
El impacto internacional también se amplió: AP informó que María Corina Machado pidió respaldo del Vaticano para una transición y la liberación de presos políticos, en medio de presiones externas y negociaciones aún opacas.