Un memorando interno del Pentágono filtrado en abril ya planteaba emplear una eventual revisión de la postura sobre el archipiélago como instrumento de presión diplomática sobre aliados de la OTAN Altos funcionarios del Departamento de Defensa estadounidense estudian revisar la posición de Washington sobre las Falklands/Malvinas como una de varias medidas para presionar al Reino Unido a alcanzar el objetivo de gasto militar del 5 % del producto interior bruto acordado en la OTAN, según informó el diario británico The Telegraph citando a un alto funcionario estadounidense.
No es la primera vez que la idea circula. Un memorando interno del Pentágono filtrado en abril ya planteaba emplear una eventual revisión de la postura sobre el archipiélago como instrumento de presión diplomática sobre aliados de la Alianza Atlántica. El secretario de Estado, Marco Rubio, la calificó entonces de decisión interna menor. Según informó en aquel momento la agencia Reuters, citando un correo electrónico interno, el planteamiento formaba parte de una revisión más amplia del respaldo diplomático estadounidense a las posesiones imperiales europeas, concebida como forma de penalizar a gobiernos aliados considerados poco solidarios con la campaña militar contra Irán.
La posición oficial de Estados Unidos, sostenida durante décadas, es de neutralidad respecto de la soberanía sobre las islas, al tiempo que reconoce la administración británica del territorio. Lo que se estudiaría modificar es esa postura, no un reconocimiento de soberanía, que Washington nunca ha formulado. El Reino Unido administra el archipiélago desde 1833 y Argentina mantiene un reclamo de soberanía; en el referéndum de 2013 los habitantes votaron mayoritariamente por conservar su condición de territorio británico de ultramar.
Un alto funcionario del Pentágono declaró la semana pasada al diario londinense que Londres recibirá atención especial en la revisión estadounidense del reparto de cargas dentro de la Alianza, porque tiene mucho potencial, y que continuarán los esfuerzos para incentivar y habilitar al Reino Unido a dar un paso adelante de forma importante. La revisión examina si los Estados miembros disponen de trayectorias creíbles hacia el objetivo de gasto e incluye un cuestionario dirigido a los embajadores ante la OTAN sobre compras de armamento y respaldo a la política exterior estadounidense. Sus conclusiones se elevarán al secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Los aliados acordaron el año pasado destinar un 3,5 % del PIB a defensa y un 1,5 % adicional a infraestructura vinculada a la seguridad para 2035. La Administración estadounidense impulsa lo que sus funcionarios denominan una nueva etapa de la Alianza, en la que los países europeos y Canadá asumirían la responsabilidad principal de la defensa convencional del continente mientras Washington reorienta su despliegue hacia el Indo-Pacífico.
El Gobierno británico ha reiterado que el estatus de las islas como territorio británico de ultramar no admite discusión. El presidente argentino, Javier Milei, cuyo Gobierno mantiene una relación estrecha con la Casa Blanca, reaccionó favorablemente ante la posibilidad de un cambio en la posición estadounidense.