El secretario de Energía, Chris Wright, dijo el jueves que el ejército estadounidense “no está preparado” todavía para escoltar petroleros por Ormuz Irán está trasladando una parte central de la guerra al mar, donde su capacidad convencional es inferior a la de Estados Unidos, pero donde conserva herramientas suficientes para desorganizar el tráfico energético global. En el estrecho de Ormuz, un corredor por el que pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial, los ataques contra buques mercantes, la amenaza de minas y el uso de lanchas rápidas y misiles costeros han elevado el costo y la dificultad de cualquier operación de escolta.
La presión ya es visible en el tránsito marítimo. Al menos 19 embarcaciones comerciales habían resultado dañadas hasta el jueves en el Golfo y sus alrededores, según cifras recogidas por AP, mientras la Organización Marítima Internacional convocó para la próxima semana una sesión extraordinaria sobre los riesgos para la navegación en Oriente Medio.
Estados Unidos ha golpeado con fuerza la capacidad naval iraní. El Mando Central dijo esta semana que destruyó 16 buques minadores iraníes, y CBS añadió el jueves que más de 90 embarcaciones iraníes habían sido dañadas o destruidas desde el inicio del conflicto, entre ellas más de 60 barcos y unas 30 plataformas de minado. Pero ese daño no ha eliminado la amenaza sobre Ormuz ni ha restablecido la seguridad del paso.
La razón es que Teherán no necesita una flota de superficie comparable a la estadounidense para alterar el equilibrio. CBS informó que analistas y exoficiales navales ven probable el uso de misiles antibuque Noor/C-802, drones y lanchas rápidas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria para hostigar petroleros y cargueros incluso sin un cierre total del estrecho. Ese tipo de presión, concentrada en una vía angosta y saturada, obliga a Washington a proteger blancos lentos y vulnerables dentro del radio de fuego iraní.
El problema operativo para Estados Unidos es inmediato. El secretario de Energía, Chris Wright, dijo el jueves que el ejército estadounidense “no está preparado” todavía para escoltar petroleros por Ormuz porque sus recursos siguen concentrados en atacar capacidades ofensivas iraníes. AFP añadió que Washington espera poder hacerlo más adelante, pero no de forma inmediata.
Ese desfase da a Irán una ventaja temporal. Aunque Washington mantiene superioridad aérea y naval, la reapertura efectiva del estrecho exige algo más que destruir plataformas iraníes: requiere barrido de minas, vigilancia constante, protección de convoyes y capacidad de reacción frente a ataques simultáneos con drones, misiles o enjambres de lanchas. En un espacio tan estrecho, una sola detonación o un solo impacto basta para alterar seguros, rutas y precios internacionales.
Por ahora, la batalla naval no se está definiendo por quién tiene más buques de guerra, sino por quién logra imponer más incertidumbre sobre el tráfico comercial. Y en ese terreno, Irán sigue teniendo capacidad de daño.