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Lagarde dice que la “patada en el culo” de Trump a Europa ha acercado a los líderes europeos

Domingo, 15 de febrero de 2026 - 16:28 UTC
Lagarde cerró con una defensa de la cohesión como objetivo político, incluso si la mecánica para llegar a acuerdos es flexible Lagarde cerró con una defensa de la cohesión como objetivo político, incluso si la mecánica para llegar a acuerdos es flexible

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, dijo el domingo en la Conferencia de Seguridad de Múnich que el giro en la actitud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia Europa ha funcionado como una sacudida política que está empujando a los dirigentes europeos a coordinarse más estrechamente.

“La ‘patada en el culo’ que todos recibimos como resultado del cambio de actitud del presidente Trump hacia Europa” está “efectivamente acercando mucho más a los líderes y responsables políticos europeos”, afirmó Lagarde durante un panel centrado en competitividad y economía europea. “Eso debe continuar”, añadió.

Lagarde enmarcó su argumento en una lectura histórica del proyecto comunitario. Citó a Jean Monnet y Robert Schuman —figuras asociadas a los orígenes de la integración europea— para sostener que “Europa crece en tiempos de crisis” y que, bajo presión, tiende a fortalecerse. La presidenta del BCE vinculó esa idea a los debates actuales sobre la necesidad de acelerar decisiones económicas y políticas dentro de la Unión Europea (UE), en un contexto de tensiones externas y demandas internas por mayor rapidez en la adopción de iniciativas.

En ese punto, defendió que la UE pueda avanzar “a dos velocidades” si no se logra una mayoría amplia entre los 27 Estados miembros, una fórmula que, dijo, no debería interpretarse como un fracaso si permite destrabar medidas. “Lo que realmente importa es que los líderes sepan que es posible y que la opinión pública entienda que es posible”, afirmó.

Como ejemplo, mencionó el plan de un préstamo europeo de 90.000 millones de euros para apoyar a Ucrania frente a Rusia, aprobado por 24 de 27 miembros. Lagarde subrayó que la unanimidad es preferible, pero no imprescindible: “¿Fue unánime? No. Tres Estados miembros quedaron específicamente excluidos para ese préstamo, pero aun así pudieron hacerlo. No es un impedimento ni una limitación. Es preferible la unanimidad, pero si no funciona, se puede avanzar sin ella”, sostuvo.

El planteamiento encontró matices en el propio panel. El primer ministro de Estonia, Kristen Michal, se mostró escéptico ante la acumulación de “capas” de cooperación diferenciada. Se preguntó cuántas coaliciones parciales podrían terminar coexistiendo —en defensa, tecnología o finanzas— y usó una metáfora: “Esa sería la ‘cebolla’ de la defensa… esa sería la ‘cebolla’ tecnológica… Entonces, ¿cuántas ‘cebollas’ habrá al final?”.

Lagarde cerró con una defensa de la cohesión como objetivo político, incluso si la mecánica para llegar a acuerdos es flexible. “Yo diría que Europa está mucho mejor estando unida. Aunque seamos diferentes, eso nos hace más fuertes”, afirmó.