El Gobierno de Taiwán expresó su “firme protesta y condena” por una declaración conjunta emitida en Pekín por los presidentes de Uruguay, Yamandú Orsi, y de China, Xi Jinping, en la que Montevideo reiteró su adhesión al principio de “una sola China” y respaldó la postura de que Taiwán es una “parte inalienable” del territorio chino.
En un comunicado, la Cancillería taiwanesa sostuvo que la “República de China (Taiwán)” es un “Estado soberano e independiente” y que “no está subordinado” a la República Popular China, subrayando que el Partido Comunista chino “nunca ha gobernado Taiwán”. En la misma línea, pidió al Ejecutivo uruguayo “reconocer las verdaderas intenciones” de Pekín en su expansión de influencia global y evitar “respaldar” discursos que —según Taipéi— socavan la paz y la estabilidad regional.
El punto sobre Taiwán figura en un texto más amplio firmado durante la visita oficial de Orsi, que incluyó una cumbre bilateral con Xi y la firma de memorandos en áreas como inversión y cooperación industrial, ciencia y tecnología, ambiente, gestión pesquera, facilitación de comercio y gestión de emergencias, además de acuerdos vinculados a protocolos sanitarios y de exportación. Desde el Gobierno uruguayo, el canciller Mario Lubetkin describió la declaración conjunta como parte de “un largo recorrido” en la relación bilateral y un reflejo de la “nueva fase” internacional, en el marco de una agenda centrada en comercio e inversión.
El lenguaje sobre Taiwán replica formulaciones ya utilizadas en comunicados conjuntos previos entre Montevideo y Pekín, y que en el plano doméstico generó cuestionamientos desde sectores de la oposición por el costo diplomático de tomar una posición explícita en un tema sensible. Uruguay y China establecieron relaciones diplomáticas en 1988 y el vínculo se ha profundizado con el crecimiento del intercambio comercial y la presencia china como socio clave para exportaciones uruguayas.
China considera a Taiwán una provincia separada y no descarta el uso de la fuerza para concretar la “reunificación”, mientras Taipéi sostiene que su futuro debe decidirlo su población bajo un sistema democrático.