
La combinación de dos sismos potentes, muy superficiales y separados por apenas 39 segundos explica buena parte de la devastación que dejó el terremoto del miércoles en el centro-norte de Venezuela, donde el último balance oficial supera los 1.450 muertos y los 3.150 heridos. Las imágenes satelitales que se han ido difundiendo confirman un reguero de edificios derruidos a lo largo de la costa, la zona más poblada y la más golpeada.

Más de 72 horas después de los sismos, los equipos de rescate y los voluntarios advierten que la permanencia de víctimas mortales entre las ruinas plantea un problema de salud pública, a medida que se reducen las posibilidades de hallar supervivientes. En distintos sectores, los rescatistas solicitaron mascarillas y más recursos para trabajar en condiciones sanitarias adecuadas. La magnitud del desastre ha sobrepasado la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia: en algunos casos, según reportes desde el terreno, han sido los propios familiares quienes debieron trasladar los cuerpos de sus allegados ante la falta de servicios disponibles.