
Venezuela entró en una nueva etapa en la respuesta al doble terremoto del 24 de junio, centrada en la retirada de escombros y la recuperación de cadáveres, tras la salida de casi todos los equipos de rescate internacionales. En las calles de La Guaira, la zona más devastada, llegaron en las últimas horas decenas de máquinas para acelerar esas tareas, que ahora quedan mayormente en manos de voluntarios venezolanos, bomberos, defensa civil y vecinos. El balance oficial se mantiene en 2.954 muertos y más de 16.500 heridos.

Una semana después del doble terremoto que sacudió el centro-norte de Venezuela, el balance oficial ascendió a al menos 2.295 muertos y 11.267 heridos, según informó el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, que ha sido la principal voz de las cifras desde la catástrofe. El coordinador humanitario de las Naciones Unidas en el país, Gianluca Rampolla, advirtió que el número seguirá creciendo a medida que avancen las tareas de rescate y remoción de escombros.

El líder del grupo de rescate Topos Chile, Francisco Lermanda, denunció que sus equipos desplegados en el estado venezolano de La Guaira han sido hostigados por militares durante las labores de búsqueda en la zona más afectada por el doble terremoto del 24 de junio, que según el balance oficial deja al menos 1.943 muertos. Las autoridades venezolanas no se han pronunciado sobre las acusaciones.

Los rescatistas del Batallón de Atención a Emergencias (BAE) del Ejército mexicano, considerados entre los más experimentados del mundo en desastres naturales, afirman que el terremoto que devastó el centro-norte de Venezuela es una de las tragedias más grandes a las que han asistido, sobre todo por las proporciones del daño. El equipo trabaja en el estado costero de La Guaira, la zona más golpeada, donde el balance oficial superaba este lunes los 1.700 muertos.

La combinación de dos sismos potentes, muy superficiales y separados por apenas 39 segundos explica buena parte de la devastación que dejó el terremoto del miércoles en el centro-norte de Venezuela, donde el último balance oficial supera los 1.450 muertos y los 3.150 heridos. Las imágenes satelitales que se han ido difundiendo confirman un reguero de edificios derruidos a lo largo de la costa, la zona más poblada y la más golpeada.

Más de 72 horas después de los sismos, los equipos de rescate y los voluntarios advierten que la permanencia de víctimas mortales entre las ruinas plantea un problema de salud pública, a medida que se reducen las posibilidades de hallar supervivientes. En distintos sectores, los rescatistas solicitaron mascarillas y más recursos para trabajar en condiciones sanitarias adecuadas. La magnitud del desastre ha sobrepasado la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia: en algunos casos, según reportes desde el terreno, han sido los propios familiares quienes debieron trasladar los cuerpos de sus allegados ante la falta de servicios disponibles.