El manejo de los escombros se perfila como uno de los principales desafíos Venezuela entró en una nueva etapa en la respuesta al doble terremoto del 24 de junio, centrada en la retirada de escombros y la recuperación de cadáveres, tras la salida de casi todos los equipos de rescate internacionales. En las calles de La Guaira, la zona más devastada, llegaron en las últimas horas decenas de máquinas para acelerar esas tareas, que ahora quedan mayormente en manos de voluntarios venezolanos, bomberos, defensa civil y vecinos. El balance oficial se mantiene en 2.954 muertos y más de 16.500 heridos.
La coordinación de las operaciones fue transferida el viernes de la ONU a la Protección Civil venezolana, un cambio que marca el paso de la fase de búsqueda de sobrevivientes a la de recuperación. A partir del día siete, los equipos empiezan a desmovilizarse, aunque todavía hay equipos que llegaron más tarde que siguen, sobre todo de Latinoamérica, explicó a la agencia EFE Sebastián Mocarquer, del equipo de las Naciones Unidas para la Evaluación y Coordinación de Desastres. Permanecen operativos 25 de los 77 equipos que llegaron de 31 países, aunque la mayoría trabaja ya junto a las brigadas locales en la recuperación de cuerpos. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, despidió y condecoró a rescatistas de cerca de 30 países.
El manejo de los escombros se perfila como uno de los principales desafíos. El Gobierno cifró el 1 de julio en 1,25 millones de toneladas los escombros generados solo en la localidad de Caraballeda, una de las más golpeadas, donde los temblores afectaron a 856 edificios, de los cuales 190 colapsaron. En las calles principales, camiones vacíos esperan en fila mientras las excavadoras amontonan los restos en solares y alrededores. La magnitud de la destrucción es impresionante. Hay también un tema de manejo de los escombros, qué se va a hacer con eso, señaló Veronique Durroux, portavoz de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
El desastre también reconfigura la población. Durroux indicó que se registran cada vez más desplazamientos hacia estados no afectados, como Táchira, Zulia y Delta Amacuro. En las zonas más golpeadas, muchos familiares permanecen junto a los edificios derruidos, sin querer alejarse mientras esperan la recuperación de sus seres queridos. En Playa Grande, Mariana Hernández relató que llevaba once días a la espera de que rescataran a cuatro de sus familiares atrapados en un edificio de doce plantas, y explicó que quienes trabajaban en el lugar eran, en su mayoría, allegados de las víctimas y apoyos llegados de otros estados del país.
Las cifras de víctimas siguen siendo provisionales y podrían aumentar a medida que avanza la remoción de escombros. El número de desaparecidos continúa siendo objeto de estimaciones dispares: organismos internacionales calculan que decenas de miles de personas seguirían sin localizar, mientras las autoridades manejan cifras menores. La verificación independiente sobre el terreno se ha visto limitada por los daños y las restricciones de acceso a las zonas más afectadas.