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Trump llama a Brasil “políticamente difícil” y Lula le dice que aprenda de “elecciones civilizadas”

Miércoles, 17 de junio de 2026 - 19:05 UTC
“Creo que Trump conoce poco Brasil; si lo conoce, es por la relación con la familia Bolsonaro”, afirmó Lula “Creo que Trump conoce poco Brasil; si lo conoce, es por la relación con la familia Bolsonaro”, afirmó Lula

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió este miércoles a su par estadounidense, Donald Trump, que no interfiera en las elecciones brasileñas, un asunto que —subrayó— es exclusivo de Brasil, del mismo modo en que su país no busca inmiscuirse en los procesos electorales de Estados Unidos. El reclamo fue una respuesta a las declaraciones que Trump había hecho horas antes sobre Brasil.

Lula habló en una rueda de prensa en Ginebra tras participar como invitado en la cumbre del G7, que concluyó este miércoles en la cercana localidad francesa de Évian. Allí, Trump había afirmado que Brasil es un país “políticamente difícil”, que “juega bastante duro” —aunque advirtió que “nadie juega más duro que Estados Unidos”—, y calificó de “desagradable” la condena al exdiputado Eduardo Bolsonaro. “Han detenido a alguien que se presenta a unas elecciones; estaba yendo bien en las encuestas y lo han detenido por hacer declaraciones en Texas”, dijo el mandatario estadounidense.

La descripción de Trump pareció confundir a Eduardo Bolsonaro —condenado el martes, residente en Texas y que no se presenta a ningún cargo— con su hermano, el senador Flávio Bolsonaro, quien sí es candidato en las elecciones brasileñas de octubre. Ambos hermanos se reunieron el mes pasado con Trump en la Casa Blanca. Eduardo, además, no fue detenido, sino condenado en ausencia.

El martes, el Tribunal Supremo de Brasil sentenció a Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de cárcel por coaccionar a la justicia mediante sus gestiones ante el Gobierno estadounidense para que impusiera sanciones contra Brasil. La condena implica su inhabilitación política por ocho años. Su padre, el expresidente de derecha Jair Bolsonaro, fue condenado en septiembre a 27 años de prisión por tramar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 ante Lula.

“Creo que Trump conoce poco Brasil; si lo conoce, es por la relación con la familia Bolsonaro”, afirmó Lula, quien dijo desear “el mismo respeto por Brasil que yo tengo por Estados Unidos”. El presidente brasileño reivindicó el sistema de urna electrónica de su país, que permite conocer los resultados —presidenciales, estatales y de niveles inferiores— en unas dos horas, y sostuvo que Estados Unidos podría aprender a celebrar elecciones “más tranquilas, más leves y menos problemáticas”. “Si hay alguien que tiene que aprender de elecciones civilizadas, es Trump”, agregó.

Consultado sobre su encuentro con Trump en la cumbre, Lula lo describió como breve y dijo que no solicitó una reunión bilateral porque ambos países “están en negociaciones” arancelarias. Como, a su entender, “Trump habla mucho y escucha poco”, optó por entregarle en mano una carpeta con documentación sobre el trabajo de Brasil contra el crimen organizado y sobre las tierras raras, los minerales estratégicos para la industria tecnológica.

El intercambio se produce en un momento de tensión entre Washington y Brasilia. El Gobierno de Trump impuso el año pasado aranceles a productos brasileños —luego reducidos parcialmente— y sancionó a magistrados del Tribunal Supremo que juzgaron a Jair Bolsonaro, un proceso que Trump calificó de “caza de brujas”. En octubre, Brasil celebrará elecciones presidenciales en las que Lula buscaría un cuarto mandato y en las que el senador Flávio Bolsonaro figura como uno de sus principales rivales.

En sus comentarios iniciales, Lula sostuvo que Brasil no quiere una “guerra fría” entre Estados Unidos y China y consideró que resolver las diferencias mediante la negociación es lo mejor para todos. Recordó que hace tiempo que empresas estadounidenses no participan en licitaciones en Brasil, por lo que —dijo— Washington no puede quejarse de que China esté ocupando espacios “que estaban vacíos”, en medio de un acercamiento de Brasilia a Pekín.