La medida llega en un momento de alta fragilidad del sistema energético cubano, marcado por apagones, escasez de combustibles y restricciones en el transporte y la actividad productiva El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que abre la puerta a imponer aranceles a productos de países que “proporcionen” crudo a Cuba, una medida que su Administración presenta como un instrumento para restringir el suministro energético a la isla y aumentar el costo internacional de mantenerlo.
El documento, divulgado el jueves por la tarde en Washington, declara una “emergencia nacional” al considerar que la política de Cuba constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidenses. La orden no fija el porcentaje de los eventuales aranceles. En su lugar, establece un mecanismo para que Trump decida caso por caso, tras recibir informes de los Departamentos del Tesoro y de Comercio sobre los países involucrados.
“Cuba no podrá sobrevivir”, dijo Trump al ser consultado por periodistas poco después de la publicación, durante un acto público en Washington. Preguntado si buscaba “asfixiar” a la isla, sostuvo que el término era “muy duro”, pero describió a Cuba como “una nación fallida”, de acuerdo con el relato difundido por medios y agencias.
La medida llega en un momento de alta fragilidad del sistema energético cubano, marcado por apagones, escasez de combustibles y restricciones en el transporte y la actividad productiva. La Casa Blanca busca disuadir a proveedores externos mediante el riesgo de sanciones comerciales secundarias, una herramienta que ya ha sido utilizada por Washington en otros escenarios.
Desde La Habana, voces oficiales denunciaron que la orden ejecutiva agravaría la situación interna. El presidente de la agencia estatal Prensa Latina, Jorge Legañoa, acusó a Estados Unidos de buscar un “genocidio” y advirtió que, si se materializa el castigo a proveedores, podría paralizar la generación eléctrica, el transporte y sectores como la industria, la agricultura, los servicios de salud y el suministro de agua, según reportó EFE.
El foco inmediato de la presión es México, señalado en la cobertura internacional como uno de los principales abastecedores de crudo a Cuba desde que los envíos desde Venezuela se redujeron drásticamente. La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido que los cargamentos mexicanos se dividen entre ayuda humanitaria y contratos comerciales de Pemex con Cuba, y afirmó que el tema no fue parte de una conversación reciente con Trump. En reportes previos, Pemex estimó exportaciones a Cuba de 17.200 barriles diarios promedio en los primeros nueve meses de 2025, una fracción minoritaria de sus envíos totales pero significativa para la isla.
El endurecimiento sobre Cuba se conoce además en paralelo a un giro de Washington sobre Venezuela. La Casa Blanca anunció el levantamiento parcial de sanciones energéticas mediante una licencia general que abre el camino para que empresas estadounidenses operen en el sector petrolero venezolano bajo condiciones estrictas: pagos canalizados a través de una cuenta controlada por Washington, contratos regidos por legislación estadounidense y prohibición de transacciones que involucren a entidades vinculadas a Rusia, Irán, Corea del Norte o Cuba.
Trump ha sostenido públicamente que el cambio político en Caracas acelerará presiones sobre La Habana. Sin embargo, en una audiencia en el Senado, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que Estados Unidos no busca forzar un cambio de régimen en Cuba “directamente”, aunque reconoció que ver un cambio de gobierno sería “un gran beneficio” para Washington, según recogieron agencias.
Para gobiernos y empresas en la región, el alcance de la orden dependerá de dos variables: la disposición de proveedores a mantener envíos bajo amenaza arancelaria y la capacidad de Cuba de diversificar fuentes en un mercado que, por logística y financiamiento, ya era limitado.