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“Qué tal la vida en las Islas Falkland hoy en día?”, Sunday Times

Martes, 10 de mayo de 2022 - 10:15 UTC
Desde fines de la guerra en 1982 la población se ha duplicado y es cosmopolita con unas sesenta nacionalidades Desde fines de la guerra en 1982 la población se ha duplicado y es cosmopolita con unas sesenta nacionalidades

En edición anterior ponderamos un artículo publicado por el Sunday Times el domingo pasado que dejando de lado algunas sutilezas, se puede considerar como un fiel reflejo de las modernas Islas Falkland hoy en día.

E igualmente importante en medio del 40 aniversario de la guerra de las Islas Falkland, el artículo se centra no en acontecimientos bélicos, sino en el desarrollo alcanzado por las Islas, desde el fin del conflicto armado, tanto en lo económico, esperanzas de futuro y el forjar de una personalidad y sentido de pueblo propio de los Isleños.

El título del artículo en inglés sintetiza, “Qué tal la vida en las Islas Falkland hoy en día?” A continuación una primera entrega de la traducción.

Es difícil imaginar un lugar menos acogedor donde pasar cinco días y noches que enterrados en trincheras al costado del Monte Sussex en las Islas Falkland. Desolador no alcanza para definir. El costado del monte carece de árboles y está pelado, azotado por vientos que bajan por la ladera como latigazos directamente desde la capa de hielo antárctico, que puede que muy lo sean.

Ahí es donde el Segundo Batallón de elite del Grupo 2 de Paracaidistas Británicos pasó sus primeros cinco días de la Guerra de las Falklands hace cuarenta años este mes. Estos duros infantes se acurrucaron por el viento, con sus pies congelados protegidos en las axilas de sus compañeros y usando calzones largos femeninos para lograr algo de calor. “Los cinco días más largos de mi vida” fue como el paracaidista Tony Banks me describió la situación.

Eventualmente el Grupo 2 de Paracaidistas fue ordenado a retirarse del Monte Sussex y largarse a una caminata nocturna por un terreno adverso para llegar a Goose Green, un asentamiento muy fortificado por los argentinos. Ahí se desarrolló una batalla brutal donde perdieron 18 hombres, incluyendo al famoso Coronel “H” Jones, y finalmente forzando la rendición de casi mil argentinos. En tanto reflexiona sobre el 40aniversario de esta extraña y final de guerra colonial, uno se pregunta si valió la pena. Toda esa sangre y tesoros, 258 vidas británicas y Gurkas perdidas, junto a casi 700 argentinos, tres civiles Isleños, seis barcos de la Marina Real hundidos, 34 aviones destruidos y gastos por unos £10 billones, para recapturar una reliquia imperial polvorienta en el medio de la nada.

En aquel entones las Falklands tenían una población de 1,800, una comunidad agropecuaria británica agostada, la mayoría descendientes de escoceses para quienes las condiciones de vida nada placenteras, les resultaban algo familiar. Las Islas habían cambiado de manos repetidamente durante los siglos 18 y 19, pero inmediatamente previo a la ocupación británica de 1833 habían sido controladas por la Confederación Argentina, predecesora de Argentina. Y Argentina-país nunca dio por alto el reclamo y cuando la belicosa junta militar tomó el poder en 1976, las tensiones crecientes sobre las Falklands y una serie de torpezas diplomáticas eventualmente condujeron a la invasión militar argentina de abril 1982

Repitiendo la marcha desde el Monte Susssex a Goose Green que el Grupo 2 de paracaidistas tuvo realizar en condiciones espantosas, el punto donde el horroroso combate se desarrolló no resulta inmediatamente obvio, Estas son las Falklands según la imaginación popular británica tal cual lo describiera memorablemente Dennis Thatcher, “millas y millas de un carajo de nada”. Dos mil alcohólicos prendidos de una roca congelada, del tamaño de Yorkshire en tanto para otros un anacronismo pelado con la mayor proporción de ovejas por persona del planeta. Durante la guerra los soldados británicos tuvieron algún problema por llamar a los Isleños como “Bennies” en referencia al personaje simplón y primario de la producción televisiva Crossroads, la cual sintetizaban nuestro sentimiento de Londres hacia los Isleños como Bovril y Bisto, palurdos congelados en ese extracto gelatinoso colonial. Es un cliché que perdura aún hoy.

Empero las Falklands hoy en día están en una propuesta totalmente diferente. La guerra cambió todo. Fue un acontecimiento trágico y chocante pero tras el velorio vino prosperidad y crecimiento. El conflicto generó un apoyo sin precedentes del Reino Unido, pero también brindó a los Isleños un futuro en que creer y un punto a demostrar. Gracias a los ingresos de la pesca y de la exploración por hidrocarburos, las Falklands hoy son considerablemente más ricos per cápita que los propios británicos, e igualmente de cosmopolitas. La capital Stanley cuenta con una 60 nacionalidades de acuerdo al último censo: educación gratuita para todos; la tierra en casi su mayoría es propiedad de Isleños. La población de las Islas se ha duplicado desde 1982 y ahora se aproxima a 3,600. Empero el reclamo argentino no ha cesado, y aún hoy se rehúsa a reconocer, o comerciar libremente con los Isleños, pero a pesar de todo los Bennies siguen viento y popa.

Hoy en día el trayecto de una hora desde la base militar en Mount Pleasant a Stanley se cumple en un deslizar suave a lo largo de una carretera asfaltada, transitando a lo largo de los famosos montes que los soldados británicos tuvieron que trepar y conquistar, Longdon, Tumbledown y Two Sisters, En Stanley mismo el ruinoso hotel Upland Goose que fue famoso durante la guerra no está más En su lugar se levanta el elegante y pulcro Waterfront Boutique Hotel, que parece un brote del Soho House. Las reuniones se hacen degustando una copa de Merlot y mi primer entrevista es con Andrea Clausen, 50, la Directora de Recursos Naturales de las Falklands.

Clausen llegó a las Islas desde Middleborough como niña y tenía diez años cuando estalló la guerra. Su familia en Goose Green estuvieron entre los cien desafortunados Isleños que fueron encerrado en le salón comunal del asentamiento por casi un mes, a medida que la guerra avanzaba en su entorno. “Para los niños al principio era como una fiesta de pijamas”. Pero con el tiempo rápidamente se convirtió en una prisión con apenas dos baños y ejercicios estrictamente limitados. Cuando empezaron los tiros, las familias excavaron bajo las tablas del piso para proteger a los niños. Al día de hoy Clausen no tolera en ruido de fuegos artificiales.

La guerra le dejó un montón de emociones: culpa, determinación, orgullo, quizá algo de Estrés Pos traumático, PTSD, también. “Nos damos cuenta que mucha gente murió por nosotros”, pero también “tengo un inmenso orgullo sobre lo que hemos construido a partir de aquel acontecimiento triste y doloroso. Nos hemos educado, reconstruido nuestro país, si con mucha ayuda, pero lo hicimos. Hemos construido rutas, conectado a las estancias, explorado por petróleo, construimos una industria turísticas. Si en verdad construimos y nos levantamos”.

Previo a la guerra las oportunidades de educación en las Islas estaban limitadas a unos pocos exámenes de nivel “O” con los niños en establecimientos remotos recibiendo enseñanza de maestros viajeros que se desplazaban a caballo. Pero desde la guerra la comunidad construyó un impresionante complejo escolar para más de 200 alumnos, y con los ingresos de la pesca ofrece a cada niño adolescente ir a estudiar al Reino Unido para obtener sus exámenes nivel “A” de ingreso terciario, (muchos al colegio Peter Symonds en Winchester, donde las Islas mantienen un pabellón de pupilaje para sus estudiantes), o para completar vocaciones de oficios o grados suficientes para continuar carreras universitarias, todas las opciones abiertas y enteramente financiadas.

La fuente de este florecimiento es inmediatamente reconocido en un viaje al Tamar Pass, un pequeño pasaje marino entre las islas Oeste y Pebble, una de la mayores entre las 776 islas, y el lugar donde un famoso ataque del grupo de fuerzas especiales británicas SAS, al principio de la guerra. Se puede sentir el pase antes de verlos. Bandadas de albatros, de cormoranes, petreles gigantes y golondrinas de mar demostrándose con exuberancia en el cielo. En el mar grandes grupos de lobos marinos, toninas, tras una colosal ballena jorobada, Leones marinos retozan en poca profundidad, pingüinos Rockhopper deambulan desde acantilados. Es un carnaval de los mares y mal lugar para ser un pez.

Esta abundancia que ahora representa el 65% del PBI de las Falklands siempre ha estado presente en aguas en torno a las Islas, pero fue tan solo tras la guerra que el Reino Unido accedió al pedido de los Isleños de establecer una zona de pesca exclusiva de 180 millas, o sea que cualquier pesca en dicha zona debe contar con licencias extendidas por el gobierno de las Falklands. Previo a la guerra, el Reino Unido había estado temeroso de ofender a Argentina, pero del momento que dicha zona quedó firme en 1986, los días de las Falklands como gran estancia indigente de ovinos se acabaron. Más de 200,000 toneladas de peces fueron capturados en las aguas de las Falklands en 2019, la mayoría en la forma de calamares Illex o Loligo,
también conocido como “Calamar de las Falklands”. Asimismo abunda la merluza negra y la merluza común.

Los Isleños no pescan mucho, pero las licencias vendidas a las flotas de poteros españoles, coreanos y taiwaneses representan grandes ingresos. En 1974 el PBI de las Islas era de £2.7 millones, en cambio hoy está en torno de los £200 millones, haciendo de los Isleños entre los quintos y sextos más ricos per cápita del mundo, pegaditos a Luxemburgo y Qatar. Esto es casi equivalente al doble del ingreso en el Reino Unido y nueve veces al de Argentina, lo cual como es de imaginar no cae muy bien en Buenos Aires.

Los resultados de este lucro pueden verse en todos lados en Stanley: crece el número de viviendas al oeste de la capital, hay nuevas calles generalmente designadas en honor de personajes de las Falklands como pueden ser Rex Hunt, el gobernador de las Islas que se desplazaba en un taxi rojo como los de Londres, cuando la invasión argentina; Sandy Woodward, el almirante que comandó la Fuerza de Tareas británica para recuperar las Islas. El hospital de Stanley orgullosamente recibió su primer scanner CT, al cual se refieren como el “scanner de Boris”. Hay dos hoteles muy coquetos, seis pubs, nadie viviendo en la calle, pleno empleo y muy poco en materia de pobreza. “Somos la clase trabajadora más afortunada del mundo”, comento Robert Rowlands, un jubilado Isleño de 69 años.

Además de la pesca hay considerables reservas de petróleo off shore que podrían brindar hasta mil millones de barriles de crudo, lo cual sería un torrente de ingresos al Tesoro de las Falklands, permitiendo poner al día mucha infraestructura necesaria. La extracción de petróleo enfrenta problemas logísticos y políticos, pero una pequeña empresa de Israel, Navitas se ha sumado al proyecto. Con Europa dejando de lado la el gas y crudo rusos, esta nueva fuente de oro puede emerger. (continuará)