Lula vincula esas presiones con la familia Bolsonaro El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, encara la recta final hacia las elecciones del 4 de octubre con tres frentes diplomáticos abiertos y un mensaje centrado en la defensa de la soberanía nacional.
El más grave llega desde Washington. Esta semana, la administración de Donald Trump revocó la visa de la embajadora brasileña, alegando la demora de Brasilia en conceder el beneplácito a su candidato a embajador. Lula calificó la medida de irresponsable e impensable entre dos países con más de dos siglos de relaciones diplomáticas y afirmó que Brasil quiere ser tratado con respeto. Itamaraty la consideró parte de una escalada deliberada y atribuyó a Washington un interés en interferir en los comicios.
Días antes, Brasil había denegado visados a dos emisarios del Departamento de Estado. El Gobierno brasileño sostiene que pretendían sumarse a una estrategia de desinformación destinada a cuestionar la fiabilidad del sistema electoral; Washington afirma que buscaban visitar el país antes de la votación. Ninguna de las dos versiones ha sido acreditada. Brasilia teme además una campaña masiva de noticias falsas en redes sociales, agravada por el uso de inteligencia artificial.
El episodio se suma a la disputa comercial. Estados Unidos aplicó aranceles del 25% a productos brasileños invocando competencia desleal, entre otros motivos por el desarrollo del sistema de pagos Pix, que estaría reduciendo los beneficios de empresas estadounidenses, y por los intentos brasileños de regular a las grandes tecnológicas. Después se sumó un gravamen del 12,5% por presunto trabajo forzoso, que el Gobierno brasileño también rechazó. Hace un año, Washington había impuesto aranceles del 50% durante el juicio a Jair Bolsonaro, condenado luego a 27 años por intento de golpe de Estado, junto con sanciones al juez que dirigió el proceso.
Lula vincula esas presiones con la familia del expresidente. Se refiere a sus integrantes como traidores de la patria por anteponer, según él, intereses personales a la economía del país. El exdiputado Eduardo Bolsonaro reside en Estados Unidos y ha promovido durante más de un año la aplicación de sanciones contra Brasil.
La injerencia estadounidense acaba siendo beneficiosa para Lula, sobre todo si el Gobierno consigue colgarle a Flávio Bolsonaro la responsabilidad que tuvo en ese proceso, sostuvo Leonardo Paz Neves, investigador de la Fundación Getúlio Vargas. Es la lectura del analista; el sondeo más reciente de Datafolha daba a Lula cinco puntos de ventaja en un eventual balotaje frente al senador.
El segundo frente es Argentina. Tras los insultos de Javier Milei en São Paulo, Brasil rebajó la relación al nivel de encargado de negocios y aplazó el regreso de su embajador.
El tercero, menos visible, es Paraguay. Asunción convocó al embajador brasileño, José Antonio Marcondes de Carvalho, y le entregó una nota de protesta por las declaraciones de Lula sobre la Guerra de la Triple Alianza. El canciller paraguayo afirmó que ambos presidentes hablaron por teléfono; CNN Brasil publicó que miembros del Gobierno brasileño niegan esa conversación. El conflicto de 1864 a 1870 tuvo consecuencias demográficas y económicas devastadoras para Paraguay, aunque las estimaciones sobre su magnitud varían ampliamente.
Lula ha incrementado en los últimos días las referencias a la defensa, al sostener que las Fuerzas Armadas deben estar preparadas para que nadie interfiera en el país.