El mexicano Lorenzo Salgado Araujo, de 52 años y con tres décadas de residencia en Houston, había muerto el 7 de julio, en un control vehicular en esa ciudad Dos migrantes latinoamericanos murieron por disparos de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en el plazo de una semana, en operaciones en las que, según reconocieron autoridades federales y legisladores, ninguno de los dos era el objetivo buscado. Las muertes reavivaron las protestas y los reclamos de rendición de cuentas sobre la política migratoria del presidente Donald Trump.
El colombiano Johan Sebastián Durán Guerrero, de 26 años, murió el 13 de julio en Biddeford, Maine, cuando un agente disparó contra el vehículo que conducía. El mexicano Lorenzo Salgado Araujo, de 52 años y con tres décadas de residencia en Houston, había muerto seis días antes, el 7 de julio, en un control vehicular en esa ciudad. Organizaciones de derechos de los migrantes afirmaron que Durán Guerrero estaba autorizado a trabajar en el país; las embajadas de Colombia y México brindan asistencia consular a las familias.
Las circunstancias de la muerte en Maine son objeto de versiones contradictorias. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostuvo que el conductor intentó huir y que, temiendo por la seguridad pública, el agente disparó. El senador Angus King, tras hablar con el secretario del DHS, Markwayne Mullin, ofreció versiones cambiantes sobre si el hombre era o no el objetivo del operativo, y señaló que los agentes no llevaban cámaras corporales. En Houston, la fiscalía del condado de Harris abrió su propia investigación y emitió cerca de veinte citaciones, al indicar que el gobierno federal no compartía las pruebas.
Tras los dos tiroteos, Mullin suspendió la mayoría de los controles vehiculares del ICE, a pedido de la senadora republicana Susan Collins, quien sostuvo que el caso de Biddeford planteaba preguntas críticas. La pausa, sin embargo, duró horas: el zar fronterizo, Tom Homan, la relativizó y la medida fue revertida por decisión del Gobierno.
Las muertes ocurren en medio de un fuerte aumento de las detenciones migratorias. Legisladores demócratas y exfuncionarios vincularon los incidentes con la presión por alcanzar cuotas de arrestos. Cuando existe esa presión incesante por hacer más, más y más, los agentes cometen errores, declaró a CNN Deborah Fleischaker, exsubdirectora de política del ICE. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, criticó que la Administración desplegara miles de agentes sin asegurarse de que estuvieran capacitados.
El DHS ha defendido reiteradamente la actuación de sus agentes. Mullin afirmó en mayo que los agentes se sacrifican por la seguridad del país y que el ICE había sido demonizado. La aprobación de la política migratoria de Trump ha caído: cerca del 60% de los estadounidenses la desaprueba, según una encuesta de Ipsos y The Washington Post. Distintos recuentos periodísticos, ante la ausencia de cifras oficiales, sitúan en varias decenas las personas fallecidas en tiroteos o bajo custodia del ICE desde el inicio del segundo mandato de Trump.