


Para un presidente que ha repetido que la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario, emitir dinero para transferencias directas a sectores vulnerables está fuera de discusión El presidente argentino Javier Milei reconoció por primera vez que no todos están mejor con su gobierno, pero descartó modificar su plan económico pese a una inflación que acumula diez meses consecutivos de aceleración, salarios reales en caída y una morosidad familiar en niveles récord. La motosierra no se detiene. Vamos a atarnos al palo del barco, no vamos a escuchar los cantos de sirena, dijo en su discurso de cierre en el summit de la Cámara de Comercio Estadounidense (AmCham).
La disyuntiva que enfrenta el gobierno es clara: las medidas que podrían inyectar dinero en la economía y dinamizar el consumo amenazan con acelerar aún más la inflación, que cerró marzo en 3,4% mensual tras subir ininterrumpidamente desde el 1,5% de mayo de 2025. Las promesas de que la inflación mensual tendería a cero en agosto o cerraría el año en torno al 10% quedaron descartadas. Los salarios reales cayeron un 6% entre noviembre y marzo, según un reporte del Banco Provincia.
Para un presidente que ha repetido que la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario, emitir dinero para transferencias directas a sectores vulnerables está fuera de discusión. Milei califica esas políticas como basura keynesiana. En cambio, el Banco Central optó por reducir los encajes bancarios para impulsar una baja de tasas de interés y estimular el crédito, una vía más discreta que, sin embargo, enfrenta un obstáculo: la morosidad de las familias alcanzó en febrero el 11,2%, el nivel más alto desde 2004, según la consultora 1816.
Hay una economía con récord de PIB e incluso con récord de consumo privado, pero que al mismo tiempo está mostrando dificultades para derramar en amplios sectores de la sociedad, señala el informe de esa consultora. El crecimiento es heterogéneo: los sectores intensivos en mano de obra —industria, construcción, comercio— muestran debilidad, mientras los que demandan menos empleo —agro, energía, minería— lideran la expansión. La construcción, que emplea a unas 380.000 personas formalmente, se desplomó tras el recorte de obra pública de Milei en 2024.
El ministro de Economía, Luis Caputo, niega que exista tensión entre reducir la inflación y dinamizar la economía. Vamos a ver un proceso de desinflación con mayor crecimiento, aseguró en AmCham, prometiendo que a partir de abril comenzarán los mejores 20 meses que haya visto el país en las últimas décadas. También anunció que en junio estarán en marcha obras en 9.000 kilómetros de corredores viales, con 12.000 kilómetros más por licitar.
Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, identifica el riesgo de que cualquier inyección de pesos termine canalizándose hacia la compra de dólares, lo que elevaría la cotización y alimentaría la inflación. Sin embargo, señala que el momento actual —cuando comienza a venderse la cosecha del agro argentino— ofrece una ventana favorable para intentar estimular sin desestabilizar el tipo de cambio.
Sebastián Menescaldi, de la consultora EcoGo, sostiene que Milei no tiene una salida de corto plazo y que solo puede intentar darle algo más de cuerda a la economía por la vía monetaria, pero a costa de que el dólar pueda tener una corrección y los precios sigan a un ritmo más elevado.
La rigidez fiscal de Milei, sin embargo, tiene un respaldo: el FMI aprobó esta semana la segunda revisión del programa con Argentina y liberó US$1.000 millones adicionales. Y el presidente cuenta con que falta más de un año para las próximas elecciones.