La reunión frustrada iba a tener una carga política particular porque habría sido el primer encuentro internacional de Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela Colombia y Venezuela reencauzaron este viernes a nivel ministerial la reunión presidencial que había sido anunciada en la frontera y que fue suspendida a última hora bajo la fórmula de “motivos de fuerza mayor”. En lugar del cara a cara previsto entre Gustavo Petro y Delcy Rodríguez en el puente Atanasio Girardot, Bogotá optó por enviar a Caracas una delegación encabezada por la canciller Rosa Villavicencio e integrada además por los ministros de Defensa, Comercio y Minas y Energía.
El giro dejó una imagen caótica en Cúcuta, donde ya se habían montado tarimas, equipos de aire acondicionado y acreditaciones para la prensa cuando comenzó el desmontaje del acto. Ni Bogotá ni Caracas dieron una explicación detallada sobre la suspensión, más allá del comunicado conjunto que habló de una postergación por razones de fuerza mayor y del compromiso de fijar una nueva fecha para una reunión presidencial.
La reunión frustrada iba a tener una carga política particular porque habría sido el primer encuentro internacional de Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela. Ambos gobiernos mantenían la intención de discutir una agenda centrada en seguridad fronteriza, presencia de grupos armados, narcotráfico, cooperación energética y recuperación del comercio bilateral, temas que ahora pasarán a una fase preparatoria en Caracas antes de un eventual encuentro entre mandatarios.
La cancelación coincidió además con una llamada telefónica de unos 30 minutos entre Petro y Donald Trump. La Presidencia colombiana informó en redes sociales que ambos hablaron sobre energía, hidrocarburos, seguridad, cultivos ilícitos, lucha contra el narcotráfico y reactivación económica en la frontera, y añadió que Trump deseó éxito a Petro en su reunión con Venezuela. El momento de esa conversación alimentó especulaciones en medios colombianos y españoles sobre una posible incomodidad del lado venezolano, aunque fuentes oficiales citadas por El País negaron una relación directa entre ambos hechos.
Más allá del episodio diplomático, la agenda bilateral sigue siendo sustantiva. Desde la reapertura de relaciones impulsada por Petro en 2022, Colombia y Venezuela han intentado recomponer una frontera de más de 2.200 kilómetros atravesada por migración irregular, contrabando, disidencias armadas y economías ilegales. A eso se suma una discusión energética que incluye intercambio de gas por electricidad, uso de infraestructura colombiana para exportaciones venezolanas e integración dentro de la estrategia regional de transición.
También el comercio explica la urgencia de retomar el diálogo. El intercambio bilateral, que había superado los US$ 7.000 millones en 2008, cayó a apenas US$ 222 millones en 2022 tras la ruptura diplomática entre Iván Duque y Nicolás Maduro, y luego repuntó hasta US$ 1.170 millones el año pasado tras la normalización de relaciones.
La decisión de bajar el nivel del encuentro, sin embargo, deja una señal de fragilidad política en una relación que Petro ha intentado reconstruir como pieza clave de su política regional. Por ahora, la cumbre presidencial quedó aplazada sin fecha.