Kast, de 60 años, llega al poder tras su victoria holgada en el balotaje de diciembre, en una campaña dominada por las preocupaciones por el crimen, la inmigración y el desempeño de la economía José Antonio Kast asumió este miércoles la presidencia de Chile en una ceremonia en el Congreso Nacional de Valparaíso, en un cambio de mando que confirmó el giro político más marcado hacia la derecha en el país desde el retorno a la democracia en 1990. La presidenta del Senado, Paulina Núñez, le tomó juramento y le impuso la banda presidencial, formalizando el traspaso desde Gabriel Boric.
Kast, de 60 años, llega al poder tras su victoria holgada en el balotaje de diciembre de 2025 frente a Jeannette Jara, en una campaña dominada por las preocupaciones por el crimen, la inmigración irregular y el desempeño de la economía. En su primer mensaje a la prensa como presidente, insistió en que su gobierno marcará un punto de inflexión. “Hay un antes y un después. Quien ataca a un carabinero, ataca a Chile”, dijo después de que un funcionario policial quedara en estado crítico tras un tiroteo en Puerto Varas, episodio que dio a su primera jornada de gobierno un tono inmediato de crisis de seguridad.
El nuevo mandatario juró junto con su gabinete en una ceremonia a la que asistieron varios líderes extranjeros, entre ellos el rey Felipe VI de España y los presidentes Javier Milei, Daniel Noboa, Santiago Peña y José Raúl Mulino. Entre los ministros destacados figuran José Francisco Pérez Mackenna en Relaciones Exteriores, María Trinidad Steinert en Seguridad y Fernando Rabat en Justicia y Derechos Humanos.
El nuevo gobierno se presenta como una administración de mano dura en materia de orden público y control fronterizo, combinada con una agenda económica favorable al mercado, desregulación y contención del gasto. Kast ha evitado colocar en el centro del arranque de su mandato las batallas culturales que marcaron parte de su trayectoria pública, para concentrarse en las áreas donde su coalición leyó un mayor desgaste del gobierno saliente: seguridad, migración y crecimiento.
Su margen político, sin embargo, no será amplio. Kast asume con un Congreso dividido y sin mayorías claras, un escenario que podría dificultar la aprobación rápida de sus principales proyectos. Analistas citados por Reuters sostienen que sus primeros cien días serán decisivos para medir si puede convertir su victoria electoral en una agenda legislativa efectiva.
La asunción de Kast también reordena el mapa regional. Su llegada fortalece el bloque conservador sudamericano y abre una etapa de mayor sintonía con Washington, en contraste con los roces que marcaron el tramo final del gobierno de Boric. Para Chile, el nuevo ciclo comienza con una promesa clara de cambio, pero también con un frente interno exigente y un contexto internacional menos estable que el que acompañó su elección.