Bernardo Arévalo, Luiz Inácio Lula da Silva, José Raúl Mulino, Sergio Díaz-Granados, Rodrigo Paz, Daniel Noboa y Andrew Holness. Siete jefes de Estado y un presidente electo de América Latina y el Caribe compartieron escenario este miércoles en Panamá para pedir más integración regional, en una imagen inusual en una región marcada por la polarización política y tensiones bilaterales. El llamado se produjo en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, impulsado por la CAF, que busca consolidarse como una cita de alto perfil para gobiernos, empresas y multilaterales.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, orador principal, sostuvo que “ningún país puede resolver sus problemas en solitario” y advirtió que la región atraviesa “uno de los momentos de mayor retroceso” en materia de integración. En su intervención criticó la debilidad de los mecanismos regionales y apuntó a la parálisis de la CELAC y a la baja participación de líderes en cumbres recientes.
En la apertura, el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, interpretó la convocatoria —con miles de asistentes y delegaciones internacionales— como una señal política en un contexto global de “cisma del sistema basado en reglas”, y dijo que América Latina “no es un actor marginal”.
En el plano geopolítico, el tono más directo fue el del presidente colombiano Gustavo Petro, quien advirtió: “No queremos misiles sobre Caracas ni sobre otro país de América”, en una referencia al clima regional tras la crisis venezolana. El mandatario ecuatoriano Daniel Noboa, sin responder a la invitación de Petro para destrabar roces bilaterales, centró su mensaje en seguridad transfronteriza y pidió coordinación regional contra organizaciones criminales que operan “de país a país”.
También participaron el presidente de Panamá, José Raúl Mulino; el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo; el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz; el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness; y el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien llamó a “cruzar fronteras… ideológicas” y remarcó que “la fragmentación nos debilita”.
Aunque el foro no concluyó con compromisos formales, el telón de fondo económico reforzó el argumento de “bloque” que varios oradores repitieron. En Uruguay, por ejemplo, el debate sobre competitividad se ha intensificado con un dólar bajo: el Ministerio de Economía y Finanzas anunció medidas para mitigar el impacto del debilitamiento global del dólar sobre exportaciones y sectores que compiten con importaciones.
El caso uruguayo ilustra por qué la integración comercial y la coordinación externa suelen reaparecer en la agenda: Uruguay XXI reportó que las exportaciones de bienes totalizaron US$ 13.493 millones en 2025 —máximo en una década— con China como principal destino y Brasil como socio clave, lo que vuelve sensibles al país tanto a shocks globales como a decisiones regionales.
En ese marco, el acuerdo UE-Mercosur firmado el 17 de enero —aún pendiente de ratificaciones y bajo disputa política en Europa— fue leído por analistas y gobiernos como una prueba de hasta dónde puede llegar una estrategia regional coordinada en comercio e inversión, más allá de los ciclos ideológicos nacionales.