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Trump vincula Groenlandia al Nobel y llega a Davos con una nueva escalada con aliados europeos

Martes, 20 de enero de 2026 - 03:39 UTC
La controversia llega cuando Trump se prepara para intervenir en el Foro Económico Mundial de Davos La controversia llega cuando Trump se prepara para intervenir en el Foro Económico Mundial de Davos

Donald Trump reavivó este lunes su pulso con Europa por Groenlandia al vincular sus ambiciones de control sobre la isla ártica con la decisión del Comité Nobel de no otorgarle el Premio Nobel de la Paz. En un mensaje dirigido al primer ministro noruego Jonas Gahr Støre —cuyo contenido fue difundido a embajadas europeas en Washington— Trump afirmó que, tras no recibir el galardón, ya no se siente “obligado a pensar únicamente en la paz”, y derivó de inmediato hacia la necesidad, según él, de un “control total y absoluto” de Groenlandia.

Støre confirmó la autenticidad del mensaje y reiteró la posición noruega de apoyo a Dinamarca en la cuestión de soberanía, subrayando además que el Premio Nobel lo decide un comité independiente, no el Gobierno noruego.

En la carta, Trump cuestiona el derecho de Dinamarca sobre Groenlandia y sostiene que Copenhague no puede proteger el territorio frente a Rusia y China. “El mundo no está seguro hasta que tengamos un control total y absoluto sobre Groenlandia”, escribió, según la transcripción difundida por medios estadounidenses.

La controversia llega cuando Trump se prepara para intervenir en el Foro Económico Mundial de Davos. El programa del World Economic Forum sitúa una “Special Address” del presidente estadounidense el miércoles 21 de enero. La agenda de Davos, que reúne a miles de participantes entre líderes políticos y ejecutivos, está marcada este año por la expectativa sobre el enfoque de Washington en comercio, seguridad y alianzas transatlánticas, según un adelanto de AP sobre la cumbre.

Presión sobre Dinamarca y debate europeo

En paralelo al intercambio con Noruega, la escalada en torno a Groenlandia ha reactivado conversaciones diplomáticas en Europa. Dinamarca ha indicado que coordinará con sus aliados una respuesta si Estados Unidos avanza con medidas más agresivas respecto del territorio, de acuerdo con Reuters.

El diferendo también se inserta en una discusión más amplia sobre el Ártico, donde confluyen rutas marítimas, capacidades de vigilancia y despliegues militares. Estados Unidos mantiene desde hace décadas presencia estratégica en Groenlandia —incluida la base de Pituffik— bajo acuerdos con Dinamarca, un punto que suele aparecer en el debate sobre si Washington necesita “propiedad” o simplemente más capacidades y cooperación en la isla.

Trump ha insistido en que el control de Groenlandia es un imperativo de seguridad nacional y ha reclamado que la OTAN “debería hacer algo” por Estados Unidos, enmarcando el asunto como una deuda de la alianza. En Europa, el tono ha generado señales de rechazo político y protestas públicas, especialmente en países nórdicos y en Dinamarca, según cobertura internacional.

Nobel, Venezuela y un trasfondo político

El episodio del Nobel se cruza, además, con la política venezolana: el Comité Nobel otorgó el premio más reciente a la líder opositora María Corina Machado, un hecho que el propio Trump menciona en su queja, según reportes citados por AP. Analistas europeos han observado que el presidente estadounidense utiliza con frecuencia gestos simbólicos y mensajes directos a líderes para amplificar presión diplomática, ahora con el foro de Davos como telón de fondo inmediato.

En la práctica, la carta a Støre añade incertidumbre sobre el rumbo de Washington en el Ártico en un momento en que varios gobiernos europeos buscan evitar una crisis abierta dentro de la OTAN. La respuesta noruega, al recalcar la independencia del Comité Nobel y el respaldo a la soberanía danesa, intenta contener el conflicto sin conceder terreno en la cuestión central: si Groenlandia seguirá siendo un territorio autónomo bajo la Corona danesa o pasará a estar bajo control estadounidense por vías políticas o coercitivas.

Con Trump a punto de hablar en Davos, la discusión deja de ser una provocación periférica: se convierte en un test temprano de cómo la Casa Blanca quiere renegociar —en público y en directo— los límites de la relación transatlántica.