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Jueves, 3 de abril de 2025 - 14:15 UTC

 

 

Milei quiere que los isleños quieran ser argentinos

Miércoles, 2 de abril de 2025 - 17:21 UTC
 La soberanía es un concepto orwelliano bajo el cual los políticos han enmascarado sus negocios sucios, argumentó Milei La soberanía es un concepto orwelliano bajo el cual los políticos han enmascarado sus negocios sucios, argumentó Milei

El presidente argentino, Javier Milei, insistió este miércoles durante la ceremonia principal del Día de los Veteranos de la Guerra de las Malvinas que su gobierno trabajará para hacer de su país una nación seria, de manera que habitantes de las Islas Falkland deseen formar parte de él.

En su discurso ante el cenotafio que recuerda a los 649 combatientes caídos durante el conflicto de 1982 en el barrio de Retiro de Buenos Aires, el mandatario criticó a la “casta” política y al kirchnerismo por debilitar la reivindicación de soberanía argentina mediante corrupción, incompetencia y malas decisiones económicas, diplomáticas y militares.

Argentina debería, en cambio, convencer a los isleños para que decidan unirse a Argentina voluntariamente, en lugar de hacerlo mediante la fuerza o la persuasión, argumentó.

En su opinión, la verdadera soberanía proviene de una nación libre y próspera con un alto PIB per cápita, no de un Estado autoritario.

Asimismo, enfatizó la necesidad de unas Fuerzas Armadas robustas para defender el territorio argentino y recuperar el respeto internacional, rechazando el desarme y la demonización del ejército, al tiempo que expuso su visión de un Argentina en ascenso material y espiritual mediante la libertad, el libre comercio y una política exterior alineada con las naciones libres, convirtiéndola en un atractivo “sueño argentino” para el mundo.

El discurso de Milei:

“A 43 años del inicio de la Guerra de Malvinas, volvemos a reunirnos como nación para conmemorar a nuestros veteranos y caídos en combate, ante la mirada orgullosa de sus familias, a quienes también les tiendo este homenaje.

Hoy recordamos a esos Héroes que dieron su vida por la Patria, que integran el panteón de quienes forjaron nuestra historia mediante su sacrificio. Hoy los honramos reafirmando, con genuina determinación, el reclamo por la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, así como los espacios marítimos circundantes.


Lamentablemente, durante las últimas décadas, nuestra demanda soberana por las islas fue damnificada, de forma directa o indirecta, por las decisiones económicas y diplomáticas de la casta política.

Nadie puede tomar en serio el reclamo de una nación cuya dirigencia es conocida en el mundo por su corrupción e incompetencia y por llevar a la Argentina a los brazos de la escoria del mundo. Quien empobrece sistemáticamente a su suelo y hace causa común con dictadores y dictadorsuelos, entra a cualquier negociación diplomática desde una posición de desventaja. Luego, si a eso le sumamos el desarme y la demonización deliberada de las Fuerzas Armadas, teníamos la receta perfecta para que las Islas Malvinas permanezcan para siempre en manos extranjeras.

El primer paso que debemos dar, entonces, es levantarnos como país en todo sentido, tanto material como espiritualmente, y recuperar el lugar en la comunidad internacional que nunca debimos haber perdido. Y no hay otra manera de hacerlo que aplicando las ideas de la libertad, tanto dentro de nuestras fronteras como hacia afuera, abriéndonos al comercio internacional y adoptando una política exterior alineada con las naciones libres.

Este es el primer gobierno en mucho tiempo que entiende que un país soberano debe ser, en primer lugar, un país próspero. Solo así podemos dar el segundo paso: dignificar a nuestras Fuerzas Armadas mediante las inversiones necesarias, algo solo al alcance de una nación próspera. Para crecer es en vano si no se reordena el gasto público, fortaleciendo aquellas áreas en las que el Estado debería ocuparse y eliminando las que sobran, porque cuando el Estado se arroga tareas que no le competen, siempre es en detrimento de funciones esenciales. A pesar de que la casta política intentó convencernos de lo contrario durante décadas, la Argentina necesita unas Fuerzas Armadas robustas. Son necesarias para defender nuestro extenso territorio de potenciales amenazas en un contexto global de creciente incertidumbre.

También son imprescindibles en cualquier discusión diplomática. Ante esto, la historia es implacable: un país fuerte es un país respetado. Esto no quiere decir que la fuerza haga el derecho, pero tampoco se puede llevar a cabo una política exterior desde un idealismo ingenuo e infantil.

Para nosotros, las Fuerzas Armadas son motivo de orgullo. Hemos dado por terminado el tiempo en el que eran menospreciadas. Prueba de ello es que, el 9 de julio del año pasado, por primera vez más de 2.000 de nuestros veteranos encabezaron el desfile militar en el acto por el Día de la Independencia, ante una multitud orgullosa y agradecida por su accionar en defensa de la Patria.

Por eso, además, acabamos de promulgar un decreto que instruye al Ministerio de Defensa a reconocer el grado de subteniente de reserva al personal de soldados aspirantes a oficiales de reserva, veteranos de la Guerra de Malvinas. Dicho grado les hubiera correspondido una vez concluido el servicio militar, pero quedó trunco al haber recibido la baja directa tras la finalización de la guerra.


Se trata, ni más ni menos, de saldar una deuda con estos héroes, que ya lleva 43 años siendo sistemáticamente ignorada por sucesivos gobiernos y que pretendemos rectificar de una vez por todas.

Sin todo lo anterior, cualquier función de soberanía pierde sentido. Soberanía no es que el Estado tenga muchas empresas, ni que financie la industria cinematográfica, ni recitales de cuarta, ni cosas semejantes. Creer que a mayor Estado, mayor soberanía es un concepto orwelliano mediante el cual la política ha pretendido, a lo largo de la historia, ocultar sus negocios sucios y su resultado es un pueblo pobre y esclavo de un Estado omnipresente.

Nosotros, en cambio, hemos venido a recuperar esa palabra, que hasta hace poco tenían secuestrada, para darle el sentido que realmente merece. Un pueblo soberano es un pueblo floreciente, pujante, respetable y, sobre todo, orgulloso de sus Fuerzas Armadas. Una nación como la que supo levantar la generación del '80 y que, tras un siglo de humillación, estamos reconstruyendo.

Como ya he dicho en otra ocasión, no venimos a aplicar recetas extravagantes, sino a retomar esas fórmulas que supieron hacernos exitosos.


Y si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo.

Por eso, hemos emprendido el camino liberador que estamos transitando, para que Argentina sea el país más libre del mundo, vuelva a tener el PBI per cápita más alto del planeta y que todos los ciudadanos del mundo fantaseen con el sueño argentino. Eso es lo que este gobierno entiende por soberanía. Es la vara con la que nos medimos y no nos conformamos con menos.

Para terminar, en este segundo 2 de abril que me toca como presidente, quiero volver a insistir en nuestro reclamo inclaudicable por las Islas Malvinas, reforzando el compromiso de agotar todos los recursos diplomáticos a nuestro alcance para que vuelvan a manos argentinas.

Finalmente, a los veteranos, a sus familias y a todos quienes visten uniforme en defensa de la Patria, les reitero mi eterno agradecimiento en nombre de todos los argentinos.

¡Que Dios bendiga a la República Argentina, que las fuerzas del cielo nos acompañen! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Muchas, muchas gracias!

¡Viva la Patria!”