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Banco Mundial estima que la economía regional se contraerá 4,6% en 2020 pero rebotará 2,3% en 2021

Lunes, 13 de abril de 2020 - 12:32 UTC
México y Ecuador (con un retroceso del 6%), seguidos de Argentina (-5,2%), Brasil (-5%) y Perú (-4,7%) serán los más afectados. México y Ecuador (con un retroceso del 6%), seguidos de Argentina (-5,2%), Brasil (-5%) y Perú (-4,7%) serán los más afectados.

El coronavirus es el golpe final para el crecimiento económico de América Latina y el Caribe, que ya venía lastrado por el estallido social de finales de 2019, muy especialmente, en Chile y la bajada en el precio de los productos básicos, de los que muchos países del área siguen dependiendo en gran medida.

América Latina y el Caribe cerrará 2020 con una caída del PIB del 4,6%, según la proyección hecha pública este domingo por el Banco Mundial. La cifra está en la parte alta del rango previsto esta misma semana por el Banco Interamericano de Desarrollo, (BID), que prevé un desplome de entre el 1,8% y el 5,5%, y supondría el mayor batacazo económico de la región hasta donde alcanzan (1961) los registros del banco, y dejando atrás el retroceso del 2,5% de 1983 en plena crisis de la deuda de América Latina, y el de la Gran Recesión: en 2009 el PIB regional apenas retrocedió un 1,9%.

De entre los grandes países del área, el mayor golpe lo sufrirán México y Ecuador (ambas, con un retroceso del 6%), seguidos de Argentina (-5,2%), Brasil (-5%) y Perú (-4,7%). La retracción será menor en Chile (-3%), Colombia (-2%) y Uruguay (-2.7%). República Dominicana y Guyana serán las dos únicas economías latinoamericanas que escaparán de las garras de la recesión. La primera, por la mínima —cerrará 2020 con un crecimiento nulo, 0%—; la segunda, a lo grande crecerá casi un 52%, una cifra completamente desvirtuada por el inicio de operaciones de sus yacimientos petroleros.

Pero el 2021 será año de rebote: el Banco Mundial espera un crecimiento del 2,6%, la cifra más alta desde 2013. Con toda la precaución posible, todos los países de la región excepto Venezuela, del que no ofrece datos, volverán a terreno positivo. También Argentina, que saldrá de esta forma de una ya prolongada recesión con un repunte del 2,2%, empero deberá aguardar al 2023 para alcanzar el PBI del 2017. El resurgir más rápido, sin embargo, se producirá en los estados andinos: Perú crecerá un 6,6%, Colombia un 3,4% y Ecuador un 3,2%. De cumplirse la proyección del Banco Mundial, todas ellas serían capaces de recuperar en doce meses la brecha abierta este año. Más lenta será la recuperación en las dos grandes potencias latinoamericanas: México crecerá un 2,5% y Brasil apenas un 1,5%. Ambos necesitarán más de dos años (2021, 2022 y parte de 2023) para cerrar la sima abierta por el coronavirus.

El vecino de Argentina y Brasil, el más estable Uruguay y con el menor índice de pobreza en la región, se proyecta podría crecer hasta un 5,7% en el 2021.

El informe indica que el margen de maniobra es, en todo el mundo, menor al de la crisis financiera de 2008: hay mucha más deuda acumulada, tanto pública como privada. En América Latina, aunque el espacio fiscal es aún más estrecho, el Banco Mundial llama a los Ejecutivos a utilizar todas las herramientas a su alcance para “evitar una crisis financiera” y proteger a los eslabones más débiles de la sociedad: no es el momento de la austeridad. En ese sentido, se urge a la región a redoblar su apuesta por políticas públicas que apoyen a los muchos colectivos vulnerables, aquellos que a raíz de los confinamientos ven mermados o, en los casos más extremos, directamente evaporados sus ya de por sí bajas entradas de caja. “A fin de ayudarles a sobrellevar la pérdida de ingresos derivada del aislamiento social, los actuales programas de protección y asistencia social deberán ampliarse rápidamente, así como también su cobertura”, apremia el economista jefe del organismo, Martín Rama.

Con la informalidad como uno de los grandes problemas irresolubles, la región tiene un reto adicional a la hora de tratar que las ayudas lleguen a todos los hogares: mientras los países europeos y Estados Unidos disponen completas bases de datos de actividad y fuentes de ingresos de sus ciudadanos, de forma que pueden actuar directamente allá donde más se necesita el apoyo, las autoridades latinoamericanas se enfrentan al problema adicional de que las ayudas lleguen a sus beneficiarios.

Los países de la región como recuerda Rama, cuentan con una historia repleta de choques adversos: abruptas caídas en las materias primas, crisis financieras y desastres naturales de toda condición de los que pueden aprender a la hora de elaborar una estrategia de salida. “Es una experiencia valiosa, pero la Covid-19 trae una nueva dimensión: las medidas necesarias para contener el brote producen, también, un gran choque de oferta”, apunta Rama. A este factor se añade la situación de partida de la región, la más desigual del mundo pese a la mejora de las últimas décadas. “Muchos hogares viven al día y carecen de recursos para enfrentar los aislamientos y muchos, dependen, también de unas remesas en rápido descenso. Los Gobiernos enfrentan el enorme desafío de proteger vidas y al mismo tiempo limitar los impactos económicos y requerirán de políticas dirigidas y coherentes en una escala raras veces vista antes”.