Un portavoz del primer ministro Keir Starmer afirmó recientemente que la soberanía reside en el Reino Unido y que el derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial El canciller argentino, Pablo Quirno, reafirmó el reclamo de su país sobre las Falklands/Malvinas en un extenso artículo publicado en el diario La Nación, en el que rechazó la validez del referéndum de 2013 y sostuvo que la soberanía del archipiélago no puede ser definida por sus habitantes. El texto reitera la posición histórica de Buenos Aires y se difundió días antes del partido de semifinales del Mundial entre Argentina e Inglaterra.
El tiempo no convierte una ocupación ilegítima en soberanía, escribió Quirno, quien describió la disputa como una situación colonial especial y particular originada, según su argumento, en la ruptura de la integridad territorial argentina tras la ocupación británica de 1833. El canciller sostuvo que el principio de libre determinación no es aplicable al caso, al considerar que la población actual del archipiélago fue implantada por la potencia ocupante, y por lo tanto no puede decidir sobre la titularidad del territorio. En el mismo texto, no obstante, señaló que el mandato constitucional argentino obliga a respetar el modo de vida de los habitantes de las islas.
Quirno rechazó además la posibilidad de nuevas consultas populares. Afirmó que ningún referéndum organizado unilateralmente por el Reino Unido puede tener efecto jurídico y que solo las negociaciones bilaterales pueden resolver la controversia. En el plebiscito de 2013, el 99,8% de los votantes de las islas se pronunció a favor de mantener el estatus de territorio británico de ultramar, un resultado que Argentina no reconoce.
El canciller citó cifras para argumentar el carácter estratégico de la presencia británica: unos 3.000 habitantes frente a alrededor de 1.200 efectivos militares desplegados. También cuestionó los proyectos de explotación petrolera en aguas del archipiélago, en particular el yacimiento Sea Lion, cuyas licencias calificó de ilegítimas, y denunció lo que definió como la explotación unilateral de recursos naturales.
El Reino Unido mantiene una posición inalterada. Un portavoz del primer ministro Keir Starmer afirmó recientemente que la soberanía reside en el Reino Unido y que el derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial, una postura respaldada por la ministra de Exteriores, Yvette Cooper. Londres sostiene que cualquier cambio en el estatus del archipiélago requiere el consentimiento de sus habitantes.
Los propios isleños han rechazado quedar excluidos del debate. Durante la sesión del Comité de Descolonización de la ONU celebrada en junio, en la que Quirno expuso la posición argentina y el organismo aprobó por consenso una resolución que insta a ambas partes a negociar, el representante isleño Michael Goss cuestionó el planteo argentino y lo describió como una transferencia de propiedad presentada como diplomacia. La resolución del comité, copatrocinada por Chile y respaldada por otros países de la región, se repite anualmente sin que el Reino Unido acepte abrir negociaciones.
El artículo se inscribe en un momento de mayor exposición del conflicto. La disputa se reavivó este año tras versiones sobre una eventual revisión de la posición de Estados Unidos respecto del reclamo británico, que Londres rechazó. En ese contexto, el presidente Javier Milei reiteró que las islas fueron, son y siempre serán argentinas, mientras que la vicepresidenta, Victoria Villarruel, afirmó que los británicos residentes en el archipiélago deberían regresar a su país, declaraciones que generaron críticas en el Reino Unido y entre los isleños.
La controversia mantiene su lugar habitual en los foros internacionales, sin avances en la posición de fondo de ninguna de las partes. Argentina reclama la soberanía sobre un territorio que administra el Reino Unido desde 1833; el conflicto derivó en la guerra de 1982, en la que murieron 649 militares argentinos y 255 británicos.