La presencia de Correa en Montevideo vuelve a poner en foco su situación judicial en Ecuador El expresidente de Ecuador Rafael Correa se encuentra en Uruguay, según confirmaron fuentes del gobierno uruguayo a El País de Montevideo. Su presencia generó cuestionamientos desde la oposición, mientras el oficialismo descartó, al menos por ahora, reuniones formales con autoridades del Poder Ejecutivo.
Correa llegó por el Aeropuerto de Carrasco y fue recibido por el exsenador frenteamplista Rafael Michelini. Según ese medio, el exmandatario participa en un programa de streaming para el que prevé entrevistar a dirigentes uruguayos, entre ellos la vicepresidenta Carolina Cosse y el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira.
Desde el gobierno uruguayo, la línea pública fue jurídica antes que política. El canciller Mario Lubetkin dijo que no hubo “ninguna dificultad” para el ingreso de Correa porque no pesa sobre él ningún impedimento legal en los sistemas internacionales que Uruguay consulta para autorizar entradas al país. También sostuvo que, por el momento, no tenía conocimiento de reuniones oficiales con integrantes del gobierno.
La presencia de Correa en Montevideo vuelve a poner en foco su situación judicial en Ecuador. En abril de 2020, la Corte Nacional de Justicia lo declaró culpable en el caso Sobornos 2012-2016 y le impuso una pena de ocho años de prisión por cohecho agravado, junto a otros exfuncionarios y empresarios. La sentencia lo ubicó como autor mediato por instigación dentro de una trama de corrupción vinculada a aportes irregulares y contratos estatales.
Dos años después, en abril de 2022, el presidente de la Corte Nacional de Justicia de Ecuador solicitó formalmente a Bélgica la extradición de Correa para que cumpliera la pena impuesta en ese expediente. La propia Corte informó luego, en mayo de ese año, que el trámite fue remitido a la Cancillería ecuatoriana para su envío oficial a las autoridades belgas.
De acuerdo con El País de Montevideo, Bélgica le otorgó asilo político ese mismo año, condición bajo la cual reside en Europa desde entonces. Ese antecedente explica por qué su llegada a Uruguay no activa automáticamente ninguna restricción migratoria, pero sí reaviva la discusión política en torno a la relación del nuevo gobierno uruguayo con una figura que sigue siendo central en la izquierda regional y, al mismo tiempo, una referencia controvertida por su condena en Ecuador.