Downing Street anunció una reestructuración temporal para cubrir la jefatura de gabinete y comunicaciones, mientras el primer ministro busca retomar el control del relato público El primer ministro británico, Keir Starmer, descartó este lunes dejar el cargo pese a la creciente presión dentro del Partido Laborista tras el escándalo que rodea al exembajador en Washington Peter Mandelson y sus vínculos con Jeffrey Epstein. “No estoy dispuesto” a dimitir, dijo Starmer, según informó la agencia EFE, mientras Downing Street insistía en que el jefe de Gobierno sigue “centrado” en su agenda doméstica.
La crisis política se aceleró tras la renuncia, en menos de 24 horas, del jefe de gabinete Morgan McSweeney y del director de comunicación Tim Allan. McSweeney —considerado arquitecto del ascenso de Starmer al liderazgo laborista y de la victoria electoral— dimitió asumiendo “plena responsabilidad” por haber recomendado el nombramiento de Mandelson, de acuerdo con reportes recogidos por Reuters y medios británicos.
Mandelson, una figura histórica del laborismo, dejó el puesto después de que nuevas revelaciones y documentos reavivaran el escrutinio sobre su relación con Epstein. La oposición conservadora sostiene que el caso compromete el juicio político del primer ministro. La líder ‘tory’ Kemi Badenoch elevó el tono en entrevistas y en el Parlamento: los asesores aconsejan, pero “los líderes deciden”, insistió, reclamando que Starmer asuma el costo de la decisión.
La tensión también es interna. El líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, pidió un “cambio” en Downing Street para cerrar lo que describió como una “distracción” que amenaza con desviar al Gobierno en un tramo delicado del calendario político, con una elección parcial clave y comicios locales en el horizonte.
Mientras Starmer intenta contener la hemorragia, la salida de McSweeney abre un interrogante sobre el equilibrio de poder en el núcleo del Ejecutivo. En Westminster, su figura era vista como un operador con peso inusual sobre la maquinaria gubernamental, hasta el punto de que algunos diputados describían la etapa como un proyecto político construido alrededor de su estrategia.
Downing Street anunció una reestructuración temporal para cubrir la jefatura de gabinete y comunicaciones, mientras el primer ministro busca retomar el control del relato público. Pero, con el caso Mandelson aún reverberando y la oposición exigiendo explicaciones, el foco inmediato seguirá puesto en la estabilidad del Gobierno y en si el Partido Laborista cierra filas o abre un ciclo de desafío interno.