


La comparación regional sitúa a Paraguay por detrás a economías más grandes: Colombia, Chile y Brasil exhiben fuertes expansiones de largo plazo, pero inferiores en términos porcentuales Entre 1960 y 2024, Paraguay registró el mayor crecimiento acumulado del PIB en Sudamérica, según cálculos difundidos por Forbes Paraguay y el diario La República a partir de series del Banco Mundial en dólares constantes de 2015. En ese lapso, la economía pasó de alrededor de US$ 2,8 mil millones a unos US$ 46 mil millones (base 2015), un salto de más de 16 veces.
La comparación regional que acompaña esos cálculos sitúa por detrás a economías más grandes: Colombia, Chile y Brasil exhiben fuertes expansiones de largo plazo, pero inferiores en términos porcentuales. El contraste es más marcado con Argentina y Venezuela, cuyos recorridos recientes estuvieron atravesados por crisis recurrentes y estancamiento prolongado, de acuerdo con las mismas comparativas citadas por Forbes.
Economistas y organismos multilaterales suelen matizar este tipo de rankings: crecer “más” en porcentaje durante seis décadas también refleja partir de una base pequeña, y el PIB agregado no describe por sí solo bienestar o productividad. En 2024, por ejemplo, el PIB per cápita de Paraguay (US$ corrientes) se ubicó bastante por debajo de Uruguay y de los promedios de países de ingreso medio alto en la región, según el Banco Mundial.
Dicho eso, la estabilidad macro paraguaya aparece como un rasgo diferencial desde los 2000. Un trabajo del FMI sobre Paraguay atribuyó el repunte de crecimiento a una combinación de normalización tras crisis previas, un entorno externo favorable y mejoras de política macro. El presidente Santiago Peña defendió que el país podía sostener un crecimiento por encima del 4% incluso con precios internacionales de la soja más débiles, apoyado en inversión y logística para exportaciones.
Las proyecciones oficiales y de organismos internacionales también apuntan a una moderación, no a un frenazo: el Banco Central del Paraguay proyectó 4,2% para 2026. En paralelo, S&P elevó la calificación soberana a grado de inversión a fines de 2025, citando estabilidad y disciplina fiscal, reportaron The Wall Street Journal y S&P Global.
El desafío, coinciden analistas, es transformar crecimiento en complejidad productiva y salarios: menos dependencia de ciclos agrícolas (soja y carne), más capital humano e infraestructura —incluida la energía de Represa de Itaipú— y una reducción sostenible de la informalidad.