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Escritora argentina que señaló inconsistencias en tumbas halla paz en que las familias tendrán algún consuelo

Viernes, 20 de agosto de 2021 - 09:55 UTC
Panero estuvo junto a la madre del soldado Aguirre en Darwin en 2017 Panero estuvo junto a la madre del soldado Aguirre en Darwin en 2017

La escritora argentina Alicia Panero ha sido desde hace bastante tiempo lo más parecido a una respuesta que han tenido los familiares de los combatientes argentinos no identificados caídos en el conflicto de 1982.

“La tumba C1.10 debería haber sido reabierta en 2017”, dijo Panero a MercoPress en una entrevista telefónica este jueves. No lo fue, porque en 2004, cuando se instaló el nuevo cementerio de Darwin, se agregaron nombres de soldados de la Fuerza Aérea Argentina a esa estructura de un ataúd que contiene restos de al menos cinco efectivos de la Gendarmería Nacional.

En otras palabras, “dado que había nombres”, los enterrados en la tumba C.1.10 no estaban entre los “conocidos sólo por Dios”. En esas circunstancias, exhumar esos restos quedaba por fuera del acuerdo firmado a fines de diciembre de 2016 entre los gobiernos de Reino Unido, Argentina, el Gobierno de las Islas Falklands y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Pero Panero y las familias involucradas sabían que algo no estaba bien. ”Siempre he confiado en el informe (del coronel británico Geoffrey) Cardoso“, que especificaba que los restos humanos de la tumba C.1.10 eran de la tripulación del helicóptero Puma que cayó el 30 de mayo de 1982 en Monte Kent y ”no de soldados la Fuerza Aérea que habían muerto a 80 kilómetros de allí y que fueron identificados en 2017 en tumbas individuales”, explicó a MercoPress mientras no podía explicarse a sí misma el error de 2004.

“Intentaron hacerme pasar como si me hubiera vuelto loca” siempre que buscaba ayuda de las autoridades argentinas para arreglar las cosas y traer paz a las familias involucradas, “que pasaron por dos fases de duelo; una después de la muerte durante la guerra y la otra cuando no pudieron saber de los restos” de sus seres queridos, agregó.

Panero destacó asimismo que la mayoría de los datos que había recopilado eran información de acceso público que le había sido proporcionada por fuentes y archivos británicos.

Además del trabajo de Cardoso, Panero resaltó tanto el respaldo que recibió del entonces embajador británico Mark Kent como la preocupación de los Isleños por los temas humanitarios, en contraposición a la vaga respuesta de las autoridades argentinas, razón por la cual las familias acudieron a ella en un principio.

“Si no hubiera sido por Cardoso, nunca hubieran podido identificar ni 115 cuerpos ni uno”, dijo en referencia a la campaña humanitaria del CICR de 2017, que dejó solo siete restos sin nombre cuando sus ADN no coincidieron con las muestras de la base de datos forense.

Ahora que se están realizando las obras en la tumba C.1.10, Panero dijo que esperaba que se llevaran a cabo acciones similares pronto con respecto a la tumba B4.16, que contiene los restos de dos soldados anónimos según el documento de Cardoso, aunque lleva los nombres de cinco miembros. de la tripulación de un Learjet de la Fuerza Aérea Argentina.

Identificar los cuerpos “me da paz” para que estas familias no tengan que pasar por otro duelo, admitió Panero. “Estuve allí cuando estas madres descubrieron dónde estaban enterrados sus seres queridos y sé que murieron poco después de eso; y sé que murieron en paz ”, continuó.

“Quiero estar allí cuando se coloque la nueva placa en la tumba C.1.10. Haber ayudado a identificar a estos soldados es lo más importante que he hecho en mi vida, después de ser madre ”, enfatizó.