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Greenpeace Argentina denuncia el descontrol pesquero en Atlántico sur: cientos “de depredadores voraces”

Lunes, 8 de marzo de 2021 - 09:51 UTC
Vistas satelitales de la sobreexplotación pesquera en el Atlántico Sur Vistas satelitales de la sobreexplotación pesquera en el Atlántico Sur

El monitoreo satelital de Greenpeace Argentina detectó la continua presencia en exceso de buques pesqueros en el Agujero Azul, oasis de la biodiversidad oceánica localizada en el Mar Argentino, entre la frontera de aguas internacionales y nacionales, que sobrepasa el volumen autorizado dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina.

Como un enjambre de “depredadores voraces”, cientos de barcos pesqueros provenientes del otro lado del mundo se acercan durante meses a la región atlántica austral para poner en práctica métodos de explotación no sustentables, que destruyen la fauna y flora local mediante la ampliamente cuestionada técnica de pesca de arrastre, que literalmente arrasa con lo que debería ser un biodiverso bosque subacuático.

“Venimos monitoreando hace varios años la sobreexplotación de los recursos pesqueros en el Agujero Azul, una zona muy pequeña de 5.000 km2 en aguas internacionales que limitan con las nacionales. Esto se produce todos los años para esta época, pero ahora estamos en el pico”, dijo Luisina Vueso, coordinadora de la campaña por la protección del Mar Argentino de la organización ambientalista internacional Greenpeace.

Vueso alertó que el descontrol pesquero es tal que a la fecha del último monitoreo, el 23 de febrero, se encontraron que hay menos de la mitad de buques autorizados dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que aquellos bordeando las aguas argentinas en el Agujero Azul, localizado a unos 500 km al este del golfo San Jorge, frente a las costas de las provincias patagónicas de Chubut y Santa Cruz.

La Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de Argentina afirma que actualmente la ZEE argentina tiene en circulación 177 buques pesqueros en operación en un espacio de más de 1 millón de km2.

Greenpeace detectó que en el Agujero Azul al menos 470 pesqueros que pudieron ser identificados, entre estos, cuatro buques tanque y ocho buques frigorífico, que reciben las capturas directamente de los pesqueros para transportarlas al país de destino final, sin pasar por ningún control.

“Principalmente vienen a buscar calamar y merluza negra. Utilizan las técnicas más destructivas, sin considerar temporadas, en aguas internacionales, donde no existe ningún tipo de gobernanza que regule esta actividad, que es lo que habilita que ocurra todos los años”, comentó la especialista en economía del desarrollo

La alta concentración de los pesqueros se detecta en un lugar codiciado por la industria pesquera por las características de su ecosistema marino, uno de los más diversos y ricos del mundo. Se ubica donde todavía se extiende la plataforma continental, por lo que tiene áreas someras, no tan profundas, donde todavía hay luz, lo que permite la existencia de suelos ricos en algas y otras plantas marinas, que alimentan al conjunto de la cadena alimenticia oceánica.

“Esta zona es muy rica en biodiversidad, es un verdadero vivero, un corredor biológico muy importante que sostiene ecosistemas fundamentales del Mar Argentino. La fauna de nuestro mar va ahí a alimentarse y tiene que competir con esta industria tan intensiva, y destructiva por la pesca por arrastre. Hace unos años bajamos unas cámaras y pudimos ver que era un desierto, cuando debería ser un bosque de algas submarinas”, resaltó.

Vueso comentó que hace varios años las organizaciones ambientales impulsan un Tratado Global por los Océanos en la Organización de Naciones Unidas (ONU), que en agosto próximo tendrá su última reunión de negociación. El tratado permitiría la creación de santuarios marinos en aguas internacionales para proteger estos ecosistemas vulnerables que han sido devastados por la sobreexplotación.

China encabeza la lista de países depredadores, con una flotilla de entre 300 y 600 barcos, acusados de arrasar con los recursos ictícolas, sin permisos ni control de ningún tipo, desde México hasta Chile, pasando por las Islas Galápagos, las costas peruanas y el Mar Argentino, ubicado al este de la Patagonia.