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Dilma no descarta pelear una banca legislativa; alerta sobre “segundo golpe” contra Lula da Silva

Lunes, 20 de febrero de 2017 - 19:36 UTC
”No seré candidata a presidente de la República (...) No descarto la posibilidad de una candidatura para cargos como senadora o diputada”, dijo Rousseff. ”No seré candidata a presidente de la República (...) No descarto la posibilidad de una candidatura para cargos como senadora o diputada”, dijo Rousseff.
“A pesar de todos los intentos de destruir su persona, su historia, Lula sigue en primer lugar, sigue siendo espontáneamente el más votado”, dice Rousseff “A pesar de todos los intentos de destruir su persona, su historia, Lula sigue en primer lugar, sigue siendo espontáneamente el más votado”, dice Rousseff

La ex mandataria de Brasil Dilma Rousseff no renuncia a la política y no descarta presentarse a una banca ya sea en el Senado o en Diputados, pero ciertamente no al Ejecutivo. También alerta de un golpe en ciernes para impedir que Lula da Silva llegue a la presidencia en el 2018.

 Dilma instalada en Porto Alegre se dedica a andar en bicicleta y a cumplir con una lista de conferencias programadas a desarrollarse tanto en Europa como en Estados Unidos.

”No seré candidata a presidente de la República, si es la pregunta. Ahora, actividad política nunca voy a dejar de hacer (...) No descarto la posibilidad de una candidatura para cargos como senadora o diputada“, dijo en una entrevista.

En cuanto a Lula, ”a pesar de todos los intentos de destruir su persona, su historia, Lula sigue en primer lugar, sigue siendo espontáneamente el más votado“, dice Rousseff, para quien hay un ”segundo golpe” en ciernes: criminalizar a Lula para impedir que sea candidato.

A sus 69 años la ex guerrillera solo disputó dos cargos electivos en su vida: la presidencia que ganó en 2011 y la reelección de 2014, ambas por el Partido de los Trabajadores (PT).

Consultada sobre cómo fue posible que desconociera la monumental red de sobornos que drenó más de US$2.000 millones de la petrolera estatal para financiar campañas políticas, Rousseff admite que se trata de procesos extremadamente complicados, ” (...) Nadie en Brasil sabe sobre todos los casos de corrupción que hay aún hoy”.

Como Brasil no otorga ningún tipo de pensión a sus ex presidentes, Rousseff se mantiene financieramente con los 5.300 reales mensuales (unos US$1.700) que recibe por sus aportes como funcionaria del Estado de Rio Grande do Sul y completa sus ingresos con el alquiler de cuatro departamentos familiares.

Ahijada política de Lula da Silva (2002-2010), emblema de una izquierda latinoamericana que perdió gran parte de su crédito por escándalos de corrupción, Dilma dice no haber tenido problemas al recorrer las calles del barrio Tristeza donde vive en Porto Alegre, ni cuando viaja a Rio de Janeiro para ver a su madre.

Pero con las cicatrices del impeachment aún frescas en el país, dice no tener garantías, pese a contar con una guardia personal. “Nada impide que alguien me agreda”, afirma.

Entre mayo y agosto del 2016, Brasil vivió un traumático juicio político cuyo acto final tuvo lugar en el Senado, donde Rousseff se defendió durante más de 10 horas. Su caída estuvo precedida de una ráfaga de acusaciones de corrupción contra su partido, que alimentaron masivas protestas callejeras.

Rousseff dice repasar “sistemáticamente” los documentos del proceso que la sacó del poder y segó un ciclo de más de 13 años del PT en el gobierno, para reemplazarla por su vice, el conservador Michel Temer, a quien acusó de encabezar un “golpe parlamentario”.

“Las piedras de Brasilia y los ñandúes de Alvorada sabían que estaban inventando un motivo para sacarme del poder”, sostiene, en una referencia al tiempo en que vivía en el espectacular Palacio de Alvorada, rodeado de jardines interminables poblados de pájaros. “Fue la llamada 'justicia del enemigo': no se juzga, se destruye”, agrega.

Rousseff dice no guardar rencores personales contra quienes motorizaron su destitución, una actitud que conserva de sus tiempos de militancia marxista, cuando fue capturada y torturada durante la dictadura militar (1964-1985).

Y eso incluye al ex jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, cerebro detrás del impeachment, actualmente en prisión por una causa de corrupción.

”No tengo contra Eduardo Cunha ningún sentimiento de venganza o cosa semejante. No lo tuve con mis torturadores. No les doy el lujo de odiarlos (...), porque implica un sentimiento tan fuerte como para tener una relación personal que no quiero tener ni con los torturadores ni con Eduardo Cunha”,

Categorías: Política, Brasil.