Además del presidente, los brasileños elegirán a los 27 gobernadores, a la totalidad de la Cámara de Diputados y a dos tercios del Senado. Brasil celebra este domingo la primera vuelta de unas elecciones presidenciales en las que el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro llegan empatados en un eventual balotaje y en las que una franja reducida de indecisos, junto con la abstención, puede inclinar el resultado.
Las últimas encuestas muestran un electorado prácticamente inmóvil. La de Quaest, publicada el lunes, dio a Lula 39% y a Bolsonaro 34% en primera vuelta, y un empate en 42% en la segunda, prevista para el 25 de octubre. Según ese sondeo, el 5% de los votantes aún no ha decidido su voto y un 10% declara que votará en blanco, anulará o se abstendrá. Datafolha, en su medición de la semana pasada, situó a los indecisos en el 2%. Los otros candidatos —Augusto Cury, Ronaldo Caiado, Renan Santos y Romeu Zema— suman en conjunto alrededor del 12%.
El voto ya está cristalizado en al menos el 80% de la población brasileña; la cuestión es qué hará ese 15 o 20% restante, dijo al diario El País el politólogo Leonardo Paz, de la Fundación Getúlio Vargas, que compara la dinámica con la de las elecciones estadounidenses, en las que la disputa se concentra en nichos específicos del electorado. Los candidatos centraron sus últimos actos en las periferias de São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, los tres estados con mayor número de votantes.
En la última semana, ambos se dirigieron a quienes rehúyen la polarización. No necesitas vestirte de rojo, sólo pensar que Brasil puede ir más lejos, dijo Lula. Si tú también quieres un cambio no hace falta que yo te guste, afirmó Bolsonaro. El único debate previsto con los dos, el jueves en TV Globo, fue cancelado tras la ausencia de ambos y una serie de decisiones judiciales.
Yo lo decidiré allí mismo, delante de la urna, dijo a ese diario Elza Mendes, trabajadora de la limpieza en Río de Janeiro, que dudaba entre las promesas de seguridad de Bolsonaro y su temor a recortes en programas sociales.
La participación será otro factor. Aunque el voto es obligatorio, la abstención alcanzó en la primera vuelta de 2022 alrededor del 21% del electorado, la más alta desde 1998. Analistas advierten que podría ser mayor este año y que perjudicaría sobre todo a Lula, cuyo electorado se concentra entre los sectores de menores ingresos, los que más se abstienen.
Además del presidente, los brasileños elegirán a los 27 gobernadores, a la totalidad de la Cámara de Diputados y a dos tercios del Senado.