Entre quienes buscan alojamiento predomina la percepción de un encarecimiento generalizado El censo distrital de Cali, la tercera ciudad de Colombia, con más de dos millones de habitantes, cubre ya a 10.000 familias afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto y estima en unas 25.000 las personas damnificadas. Muchas han pasado los últimos días en albergues o en viviendas de familiares mientras buscan un alquiler, en un mercado tensionado por la pérdida súbita de oferta.
La alcaldía ha evaluado a fondo 920 edificaciones, de las cuales 56 colapsaron. Los análisis técnicos sitúan la mayor concentración de daños en la comuna 19, donde cerca de 200 inmuebles podrían terminar demolidos.
Entre quienes buscan alojamiento predomina la percepción de un encarecimiento generalizado. El alquiler ha subido en todos los barrios, afirma Laura del Mar Villada, de 29 años, que dejó su apartamento en el barrio El Limonar el día del sismo y aún no ha podido recuperar sus pertenencias. Manuel Alejandro Molina, de 40 años, que vivía con su esposa y un hijo de tres meses en el sur de la ciudad, señala que por viviendas que antes costaban 2,8 millones de pesos mensuales le piden ahora hasta 3,8 millones.
Los datos disponibles apuntan sin embargo a un efecto focalizado. El economista Sebastián Súlez, exsecretario de Hacienda de Jamundí, reunió avisos de dieciséis portales e inmobiliarias en 63 barrios con corte al 19 de agosto y los contrastó con una fotografía parcial del 9 de agosto, un día antes del terremoto. De los once barrios comparables, seis registraron descensos, uno se mantuvo y cuatro subieron. En Bellavista, en la zona alta del oeste, la mediana pasó de 4,1 a 4,8 millones de pesos, un alza del 17,1 %; en Ciudad Meléndez, en el sur más golpeado, los precios cayeron un 6,3 %. Se trata de precios pedidos por los arrendadores, no de montos finalmente pactados.
El asesor inmobiliario Harold Andrés Millán observa que los propietarios que gestionan sus inmuebles por cuenta propia piden entre un 25 % y un 30 % más, mientras que en el mercado administrado por empresas los cánones no han variado. En el corredor de los derrumbes, añade, oferta y demanda caen por igual.
El alcalde Alejandro Eder denunció días después del sismo que en algunos sectores se registraban cánones al doble y pidió al Gobierno nacional congelar temporalmente los arrendamientos. También reconoció un vacío en los programas de apoyo dirigidos a la clase media.
La Federación Colombiana de Lonjas de Propiedad Raíz precisó que el sismo no termina automáticamente los contratos ni exime del pago, aunque el Código Civil permite solicitar la terminación si la vivienda queda inhabitable. Según el instituto nacional de estadística, cuatro de cada diez hogares colombianos vivían en alquiler en 2025, la proporción más alta desde al menos 2019.