Con niveles de entre 40 y 50 centímetros, las embarcaciones pueden cargar en torno al 20% de su volumen normal El descenso del caudal del Rin obliga a las barcazas a operar con una fracción de su capacidad habitual y ha encarecido de forma acusada el transporte fluvial, mientras la sequía y las temperaturas extremas afectan a las principales vías navegables de Europa.
Con niveles de entre 40 y 50 centímetros, las embarcaciones pueden cargar en torno al 20% de su volumen normal, según la administración federal alemana de vías navegables; las estimaciones del sector sitúan la operativa actual entre el 20% y el 30%. Los fletes desde Róterdam se han más que triplicado en dos meses, según cifras de la prensa neerlandesa, que los eleva de unos 45 euros por tonelada en junio a cerca de 150 en julio.
El aforo de Kaub, cerca de Coblenza, es el indicador de referencia porque determina cuánto pueden cargar los buques. El viernes cayó a 25 centímetros, igualando el mínimo de 2018, y recuperó ligeramente el lunes. Una caída a 24 centímetros, prevista para esta semana, marcaría el nivel más bajo desde que existen registros, en 1880, según datos federales alemanes compilados por el ETH de Zúrich.
En otros puntos sí se han batido marcas. En Colonia y en Lobith, donde el río entra en los Países Bajos, se registraron los niveles más bajos de la serie histórica: en Lobith, 6,47 metros sobre el nivel de referencia neerlandés, por debajo del mínimo de agosto de 2022. El caudal entrante ronda los 692 metros cúbicos por segundo, frente a los cerca de 1.900 habituales en esta época. El sistema alemán de información de aguas bajas registró a finales de julio niveles extremadamente bajos en el 44% de las estaciones del Rin y en el 78% de las del Danubio.
Un responsable de la autoridad de navegación del Rin señaló a la emisora WDR que no es previsible una suspensión total del tráfico, pero que habrá que repartir la carga entre más buques, lo que con el tiempo eleva costos y genera cuellos de botella.
Los efectos alcanzan al suministro eléctrico. Hungría apagó por completo el domingo su única central nuclear, por primera vez en 44 años de operación, lo que retira alrededor del 40% de su capacidad de generación y obliga a aumentar importaciones. Serbia recortó la producción de sus centrales de carbón por problemas de refrigeración y Rumanía realizó una voladura controlada en el Danubio para redirigir el agua hacia la central de Cernavodă. Dos plantas automotrices rumanas acordaron detener la producción durante más de dos semanas para reducir el consumo eléctrico.
En Italia, el Po alcanzó a finales de julio un mínimo histórico cerca de Cremona y la alerta por sequía se elevó al nivel alto en todo el valle. La menor descarga ha permitido la entrada de agua salada desde el mar, con perjuicio para los cultivos de regadío.
David Hannah, catedrático de hidrología de la Universidad de Birmingham, señaló que el calentamiento eleva las temperaturas de base y reduce los caudales, y apuntó a la menor aportación de nieve y deshielo glaciar alpino. Dominik Schumacher, del ETH de Zúrich, sostuvo que el calentamiento de origen humano ya ha agravado esta sequía.