Lula sostuvo que a Brasil le gusta la paz, pero que no puede olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, invocó la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) para defender un aumento de la inversión en defensa, en declaraciones que provocaron esta semana el repudio formal de ambas cámaras del Congreso de Paraguay.
Durante una visita el viernes a una planta de la empresa de defensa Avibras Aeroespacial, Lula sostuvo que a Brasil le gusta la paz, pero que no puede olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil, y afirmó que después hizo lo mismo con Argentina y Uruguay. Las versiones de prensa difieren en el orden en que el mandatario mencionó a los tres países.
El Senado paraguayo aprobó el miércoles, en sesión extraordinaria, una declaración para repudiar enérgicamente las expresiones. El texto, propuesto por el senador opositor Eduardo Nakayama, sostiene que los dichos distorsionan y simplifican unilateralmente el origen del conflicto y atribuyen a Paraguay la condición de agresor exclusivo, omitiendo la intervención del Imperio del Brasil en Uruguay. Los senadores exhortaron a las autoridades brasileñas a un tratamiento respetuoso, equilibrado y veraz de la historia compartida y subrayaron que Paraguay no representa amenaza alguna a la soberanía ni a la integridad territorial brasileñas.
La Cámara de Diputados aprobó por mayoría una declaración en términos similares y añadió un pedido al Ejecutivo de Santiago Peña para impulsar gestiones diplomáticas destinadas a la restitución de los trofeos de guerra que permanecen en Brasil. Entre ellos mencionó el Cañón Cristiano, pieza de artillería fabricada en 1866 con el bronce de campanas donadas por la población y conservada en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.
Legisladores e historiadores paraguayos sostienen que el conflicto no se originó en ambiciones expansionistas de su país, sino como reacción del gobierno paraguayo de la época ante la intervención militar brasileña en la guerra civil uruguaya en 1864. El origen de la guerra sigue siendo objeto de debate historiográfico.
Las estimaciones sobre las pérdidas humanas de Paraguay varían ampliamente y no existe consenso académico, ante la falta de censos fiables. El texto aprobado por el Senado cifra la pérdida en entre el 50% y el 60% de la población y describe las consecuencias como catastróficas e incomparables en la historia de América del Sur, con devastación económica, ocupación militar prolongada e imposición de deudas de guerra. Otras estimaciones publicadas son considerablemente menores.
El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, calificó el conflicto como el mayor genocidio de nuestro continente y reprochó a Lula haber hablado con demasiada ligereza. Durante el debate en el Senado, el opositor Ignacio Iramain afirmó que el mandatario brasileño tiene derecho a defender la seguridad de su país, pero no tiene derecho a usar la tragedia paraguaya para justificar armas.
La Cancillería paraguaya no se ha pronunciado oficialmente, un silencio que legisladores de distintas bancadas han criticado. Nakayama atribuyó las declaraciones a un cálculo electoral de Lula, en una interpretación que el propio senador presentó como conjetura. Brasil celebra elecciones generales en octubre.