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Jueves, 2 de julio de 2026 - 17:59 UTC

 

 

Un rescate multinacional libera a Hernán, atrapado ocho días bajo los escombros en Venezuela

Jueves, 2 de julio de 2026 - 15:32 UTC
Gil, que trabajaba como vigilante en el estacionamiento subterráneo de un centro comercial, se salvó al refugiarse bajo el escritorio de su garita cuando el edificio se desplomó Gil, que trabajaba como vigilante en el estacionamiento subterráneo de un centro comercial, se salvó al refugiarse bajo el escritorio de su garita cuando el edificio se desplomó

Un vigilante venezolano de 43 años, Hernán Gil, fue rescatado con vida este jueves tras permanecer ocho días atrapado bajo los escombros de un edificio que colapsó en Catia La Mar, en el estado de La Guaira, durante el doble terremoto que sacudió el país el 24 de junio. La Cruz Roja de Costa Rica, que participó en la operación, confirmó el rescate, considerado uno de los más complejos y prolongados de la catástrofe, que deja al menos 2.295 muertos y más de 11.000 heridos, según el balance oficial.

Gil, que trabajaba como vigilante en el estacionamiento subterráneo de un centro comercial, se salvó al refugiarse bajo el escritorio de su garita cuando el edificio se desplomó. Permaneció casi 200 horas en un cubículo del segundo nivel del subsuelo, bloqueado por escombros y un techo inestable. Su voz fue escuchada por primera vez el domingo, unas 100 horas después de los sismos, por un rescatista de la Cruz Roja costarricense durante una inspección de la estructura, lo que dio inicio a una operación contrarreloj.

En el rescate participaron equipos de siete países —Venezuela, Chile, Estados Unidos, Portugal, Costa Rica, El Salvador y México—, además de brigadas que colaboraron en las jornadas previas. En los momentos de mayor tensión, hasta 300 personas trabajaron por turnos para apuntalar la estructura con vigas de madera y hierro, mientras un edificio contiguo amenazaba con derrumbarse. “Es un trabajo de equipo, multitarea, y es lento y peligroso”, describió Cristian Vera, líder de la misión de los bomberos chilenos. La operación estuvo a punto de suspenderse en varias ocasiones por el riesgo de un nuevo colapso.

La esposa de Gil, Gusbimar González, con quien tiene dos hijos, hizo guardia en el lugar durante los días que duró el operativo. “Es realmente un milagro”, declaró. “Estoy completamente asombrada, porque es la primera vez que veo a tantos países unirse para salvar a una sola persona”. Según relataron los rescatistas, Gil había pedido en un primer momento que no le comunicaran a su esposa que estaba con vida, consciente de que quizá no lograría salir. Los equipos mantuvieron contacto con él durante días y le suministraron agua, alimentos y medicamentos mientras avanzaban en su extracción.

El rescate se convirtió en un símbolo de esperanza a una semana de la tragedia, cuando las probabilidades de hallar sobrevivientes se habían reducido drásticamente. Pese a ello, los equipos siguieron registrando rescates con vida más allá de la ventana de 72 horas considerada crítica, entre ellos los de un bebé y varias personas mayores. La operación se produjo, no obstante, en medio de crecientes críticas de la población a la respuesta oficial: en algunas zonas, vecinos denunciaron la falta de maquinaria pesada y combustible, y debieron excavar con sus propias manos en busca de familiares. Según el balance oficial, más de 7.400 personas han sido rescatadas con vida desde el inicio de la emergencia.