Donald Trump ofreció ayuda en un mensaje en su red social en el que afirmó que su país está listo, dispuesto y capacitado e instruyó a todas las agencias del Gobierno a actuar con rapidez El doble terremoto que sacudió el centro-norte de Venezuela se ha convertido en la primera gran prueba de la asistencia de Estados Unidos al Gobierno interino de Delcy Rodríguez, instalado tras la captura del expresidente Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense en enero. Washington movilizó equipos de rescate y suministros para un país con el que, hasta hace medio año, no mantenía relaciones de cooperación.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ofreció ayuda en un mensaje en su red social en el que afirmó que su país está listo, dispuesto y capacitado e instruyó a todas las agencias del Gobierno a actuar con rapidez. Estaremos allí para nuestros nuevos y grandes amigos, escribió, y anticipó que los primeros reportes no son buenos. El Departamento de Estado activó una fuerza de tarea y, según el funcionario Jeremy Lewin, envía equipos de búsqueda y rescate, suministros médicos y humanitarios. La presidenta encargada informó de que en las próximas horas llegarán rescatistas de Estados Unidos, junto con los de México, El Salvador, Catar y República Dominicana.
El despliegue ilustra el giro en la relación bilateral. Tras la intervención militar que capturó a Maduro, Trump promovió una transición tutelada y el secretario de Estado, Marco Rubio, planteó un plan de tres fases —estabilización, recuperación y transición hacia elecciones—. El propio Trump, que en el pasado calificó de ilegítimo al chavismo, ha exhibido en los últimos meses su entendimiento con Rodríguez y, un día antes del sismo, aseguró que el país iba muy bien. La emergencia obliga ahora a poner a prueba esa cooperación sobre el terreno.
El contexto humanitario es delicado incluso antes de la catástrofe. Venezuela arrastra una crisis prolongada, con inseguridad alimentaria, un sistema de salud debilitado y más de 7,7 millones de personas que han emigrado en la última década. Esas carencias condicionan la capacidad de respuesta ante un desastre de gran escala.
Según el primer balance oficial, ofrecido por Rodríguez, los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 dejaron al menos 32 fallecidos —sin incluir aún el estado de La Guaira, el más afectado— y más de 700 heridos, una cifra que, advirtió, aumentará. El Servicio Geológico de Estados Unidos, mediante su sistema de evaluación rápida PAGER, estimó una probabilidad cercana al 40% de que el número de muertos se sitúe entre 10.000 y 100.000; se trata de un modelo estadístico basado en la intensidad, la población expuesta y la vulnerabilidad de las edificaciones, no de un recuento. El balance definitivo dependerá del avance de las labores de rescate, en las que la asistencia internacional, y en particular la estadounidense, tendrá un papel central.