En un barrio acomodado de La Paz apareció una pinta que incita a la violencia contra la población indígena —haga patria, mate un indio El conflicto social que vive Bolivia ha vuelto a dividir al país. El corte de carreteras encabezado por campesinos indígenas, que desde hace más de un mes mantiene sitiada La Paz, hizo emerger expresiones de racismo en la capital. Agotados por la falta de gasolina y alimentos y por los precios desorbitantes, algunos vecinos arremeten contra los manifestantes; y la hostilidad se mueve en ambas direcciones.
En un barrio acomodado de La Paz apareció una pinta que incita a la violencia contra la población indígena —haga patria, mate un indio—, mientras que en redes sociales circulan mensajes que culpan a los campesinos por la parálisis de la ciudad. En sentido inverso, manifestantes que piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz increpan a las personas de tez más clara que se acercan a sus concentraciones con el grito de ¡fuera, no queremos q'aras! (blancos, en aimara). La división es también económica y geográfica: los indígenas son mayoría en las laderas altas, a casi 4.000 metros, mientras que en la zona sur, 500 metros más abajo, se concentran los barrios residenciales de paceños de piel blanca.
Para Carlos Macusaya, del colectivo indianista Jichha, en Bolivia es normal que la gente no indígena dirija el país, pero la idea inversa causa repulsión. El ascenso económico y político de aimaras, quechuas y pequeños agricultores durante los casi 20 años de gobiernos del Movimiento al Socialismo (2006-2025), encabezados hasta 2019 por el primer presidente indígena, Evo Morales, reconfiguró las clases sociales y generó tensión. Según Macusaya, el rechazo de parte de las élites se transformó en resentimiento y, hoy, en un deseo de disciplinamiento que se expresa en el reclamo de sacar al Ejército a las calles.
Muchos de los movilizados, que votaron por Paz, se sienten traicionados: señalan que no fueron consultados sobre los decretos de ajuste económico, que el gabinete incluyó a figuras de la etapa neoliberal y a empresarios agroindustriales, y que se avanzó con una reforma agraria. Desde la fundación, en 1825, nos han gobernado los blancos, afirma el artesano Mauro Castillo desde un puente de El Alto, ciudad de mayoría indígena.
La tensión es tan antigua como el país. La identidad que unifica a Bolivia no es 'somos bolivianos', es 'no somos indios', sostiene el profesor Juan Pablo Vargas, en alusión a una nación fundada por criollos que eran menos del 10% de la población. Hasta la llegada del MAS, en 2006, hubo una sola parlamentaria indígena. El sociólogo y exvicepresidente Álvaro García Linera recuerda el papel de los liderazgos de Felipe Quispe y Morales; otros, como comerciantes paceños golpeados por la caída de ventas, acusan en cambio a Morales de haber azuzado las diferencias raciales con fines electorales.
Paz ha amenazado con ordenar que las Fuerzas Armadas despejen los caminos, pero no lo ha hecho. Pide unidad y diálogo y advierte que el futuro del país no puede construirse con confrontación, división, racismo o clasismo. Sus palabras, por ahora, tienen poco eco.