El vuelo AF447, un Airbus A330-200 con doce tripulantes y 216 pasajeros a bordo, entró en pérdida durante una tormenta en pleno océano y se precipitó desde una altitud de 11.580 metros El Tribunal de Apelaciones de París declaró culpables este jueves a Air France y Airbus de homicidio involuntario en relación con el accidente del vuelo AF447, que se precipitó en el océano Atlántico el 1 de junio de 2009 en la ruta entre Río de Janeiro y París con un saldo de 228 muertos. La decisión revoca el fallo de abril de 2023 en el que ambas compañías habían sido absueltas y considera a la aerolínea y al fabricante única e íntegramente responsables del siniestro, según indicó la agencia BBC. Tanto Air France como Airbus rechazaron los cargos y anunciaron que apelarán.
La condena se dictó tras un juicio de ocho semanas y supone uno de los desenlaces judiciales más relevantes en la historia reciente de la aviación europea. El tribunal impuso a cada empresa la multa máxima prevista por la legislación francesa, 225.000 euros (alrededor de 261.000 dólares), una cifra que algunos familiares de las víctimas calificaron como simbólica. Daniele Lamy, presidenta de la asociación de víctimas del AF447 y madre de uno de los fallecidos, sostuvo que la justicia finalmente toma en consideración el dolor de las familias frente a una tragedia colectiva de una brutalidad insoportable.
El vuelo AF447, un Airbus A330-200 con doce tripulantes y 216 pasajeros a bordo, entró en pérdida durante una tormenta en pleno océano y se precipitó desde una altitud de 11.580 metros. Es el accidente más letal en la historia de la aviación civil francesa. Las víctimas procedían de 33 países: 61 ciudadanos franceses, 58 brasileños, 26 alemanes, cinco británicos, tres irlandeses y dos estadounidenses, entre otras nacionalidades. Entre los fallecidos figuraron el príncipe brasileño Pedro Luiz de Orleans e Bragança, de 26 años, descendiente de la familia imperial de Brasil; el ingeniero brasileño Nelson Marinho Filho; el niño británico Alexander Bjoroy, de 11 años, y tres médicas irlandesas que regresaban de unas vacaciones en Brasil.
La operación de recuperación constituyó una de las búsquedas marítimas más complejas jamás emprendidas, en aguas situadas a más de 1.100 kilómetros de la costa sudamericana. Las fuerzas brasileñas se encargaron de la recuperación de los cuerpos: 51 cadáveres fueron rescatados en los primeros 26 días, muchos de ellos aún sujetos a los cinturones de seguridad. Los registradores de vuelo no fueron localizados hasta 2011, tras meses de inmersiones en aguas profundas. La investigación oficial concluida en 2012 determinó que la combinación de un fallo técnico —la congelación de las sondas de velocidad— y la incapacidad de los copilotos para reaccionar adecuadamente a la entrada en pérdida desencadenaron el siniestro. El capitán se encontraba en su período de descanso. A raíz del accidente se reforzó la formación de pilotos y se reemplazaron los sensores de velocidad en flotas similares.