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Jueves, 26 de marzo de 2026 - 03:59 UTC

 

 

Proyecto internacional valida sistemas de hidrógeno renovable en la Antártica

Jueves, 26 de marzo de 2026 - 01:48 UTC
Gino Casassa, director del INACH, señaló que el diseño de la planta piloto de hidrógeno verde cuenta con un financiamiento aportado por la GIZ y la Unión Europea Gino Casassa, director del INACH, señaló que el diseño de la planta piloto de hidrógeno verde cuenta con un financiamiento aportado por la GIZ y la Unión Europea

Un grupo de autoridades e instituciones de Chile y Europa concluyó una visita técnica a la base científica “Profesor Julio Escudero” del Instituto Antártico Chileno (INACH), en la isla Rey Jorge, donde se presentaron los avances de un proyecto piloto de infraestructura de energías e hidrógeno renovable diseñado para validar sistemas energéticos híbridos en uno de los entornos más exigentes del planeta.

La iniciativa forma parte del proyecto Team Europe Desarrollo del Hidrógeno Renovable (RH2), implementado por la agencia alemana GIZ y cofinanciado por la Unión Europea y el Ministerio Federal de Economía y Energía de Alemania. Su objetivo es generar evidencia técnica para la adopción de soluciones energéticas en territorios aislados, con el respaldo del Gobierno Regional de Magallanes y del INACH.

Gino Casassa, director del INACH, señaló que el diseño de la planta piloto de hidrógeno verde cuenta con un financiamiento del orden de 200 millones de pesos chilenos aportados por la GIZ y la Unión Europea, y destacó los desafíos técnicos que implica construir sobre los suelos congelados de permafrost antártico.

Javier Ortiz de Zúñiga, director del Portafolio Energía Chile de GIZ, afirmó que “la validación de sistemas energéticos basados en hidrógeno renovable en un entorno extremo como la Antártica permite generar aprendizajes de alto valor para la planificación de infraestructura energética en zonas aisladas de todo el mundo”.

Mercedes Rodríguez Sarro, jefa de Misión Adjunta de la Delegación de la UE en Chile, destacó que la visita promueve la cooperación científica y tecnológica entre la UE y Chile, la transición verde y los compromisos internacionales en materia de biodiversidad, incluyendo la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos.

El proyecto posiciona a la Antártica como un laboratorio natural para la validación de tecnologías de energía limpia y refuerza el papel de la cooperación internacional frente a los desafíos energéticos globales.