El propio McSweeney asumió responsabilidades por su papel en decisiones vinculadas al caso El primer ministro británico, Keir Starmer, quedó más expuesto políticamente este fin de semana tras la renuncia de su jefe de gabinete en Downing Street, Morgan McSweeney, una figura clave en el ascenso de Starmer al liderazgo laborista y en la maquinaria interna del Gobierno.
McSweeney dimitió en medio de la escalada del llamado “escándalo Mandelson”, que ha reabierto tensiones dentro del Partido Laborista. Según reportes de la prensa británica, el propio McSweeney asumió responsabilidades por su papel en decisiones vinculadas al caso.
La salida desencadenó una rápida reconfiguración del equipo de Starmer. The Guardian informó que Downing Street nombrará a dos figuras internas —Vidhya Alakeson y Jill Cuthbertson— como jefas de gabinete conjuntas, en un intento de estabilizar el control operativo y político del Ejecutivo tras el golpe.
El movimiento llega en un momento sensible para el Gobierno: crece el malestar parlamentario y se multiplican las voces que piden una “recalibración” del liderazgo antes de las próximas citas electorales. The Independent describió el clima como un punto de inflexión para Starmer, con diputados laboristas exigiendo cambios en el funcionamiento de Downing Street y reclamando una estrategia más disciplinada para evitar que la controversia erosione la autoridad del primer ministro.
Aunque los detalles de la controversia siguen dominando los titulares, el trasfondo es más amplio: McSweeney era considerado el ejecutor del “proyecto Starmer” dentro del partido y del Gobierno. Su marcha plantea una incógnita inmediata sobre quién administrará la relación con el bloque parlamentario, cómo se gestionará la comunicación de crisis y qué margen tendrá el primer ministro para recomponer cohesión interna sin ceder el control del rumbo político.
Para la oposición —y para sectores críticos dentro del propio partido— la renuncia no es solo un relevo de personal: es una señal de fragilidad en el centro del poder. Para Downing Street, el desafío ahora es convertir el golpe en un reinicio creíble antes de que el coste político se vuelva estructural.
El llamado “escándalo Mandelson” estalló tras la publicación, a comienzos de febrero, de una nueva tanda de archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos vinculados a Jeffrey Epstein, que documentan con mayor detalle los vínculos personales, viajes y encuentros del exministro británico Peter Mandelson con el financiero estadounidense, incluso después de su condena en 2008 por delitos sexuales.