Caputo (derecha) vinculó la renuncia de Lavagna (izquierda) a diferencias con el presidente Javier Milei sobre el “timing” del cambio, y afirmó: “Da igual, da prácticamente lo mismo”. El director del Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC, Marco Lavagna, renunció este lunes tras más de seis años en el cargo, en la antesala de un cambio metodológico clave para medir la inflación en Argentina. La salida se produjo horas antes de que el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmara que la actualización del índice de precios al consumidor (IPC) quedará postergada “hasta que el proceso de desinflación esté consolidado”, sin fecha definida.
Caputo vinculó la renuncia a diferencias con el presidente Javier Milei sobre el “timing” del cambio, y afirmó en Radio Rivadavia: “No hay necesidad de cambiar ahora el índice. Da igual, da prácticamente lo mismo”. El Gobierno designó como reemplazante a Pedro Lines, hasta ahora director técnico del organismo, un perfil presentado por la administración como “técnico” y con trayectoria interna.
El foco del conflicto es el nuevo IPC, que debía estrenarse con el dato de enero previsto para el 10 de febrero. El rediseño actualizaba ponderaciones de consumo utilizando la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017–2018, en lugar de la canasta vigente basada en 2004. El objetivo era reflejar patrones más actuales y aumentar el peso de servicios frente a bienes.
La marcha atrás, sin embargo, alimentó sospechas políticas y técnicas. En el mercado circula la tesis de que la nueva medición podría arrojar un registro superior al actual, complicando la narrativa oficial de desaceleración y la meta de inflación anual del 10,1% incluida en el Presupuesto 2026. El consenso de consultoras relevado por el Banco Central de la República Argentina ubica la inflación 2026 en torno al 20,1%, aproximadamente el doble del objetivo presupuestario.
El debate se volvió más sensible por el salto reciente de precios regulados. Electricidad, gas, agua y transporte —rubros históricamente subsidiados— registraron aumentos que, en varios tramos, corrieron por encima de bienes como alimentos, indumentaria o calzado. En un informe citado por EFE, el Banco Central advirtió que con la nueva metodología “tenderían a impactar más” los ajustes de tarifas, además de mecanismos indexatorios en alquileres y expensas, y la evolución salarial.
El Gobierno sostiene que cambiar el índice en medio de la desinflación puede abrir un flanco de “especulación” y disputa política. Críticos, en cambio, señalan que el desfase de la canasta ayuda a explicar por qué muchos argentinos perciben que la inflación cotidiana es mayor a la que reflejan las estadísticas. Un análisis de Chequeado, con cálculos de consultoras privadas, estimó que el diferencial anual puede variar según períodos y ponderaciones, pero que el cambio de canasta modifica la lectura de algunos tramos, especialmente donde ganan peso los servicios.
La actualización del IPC también había sido mencionada como una exigencia técnica en el marco del programa con el Fondo Monetario Internacional en línea con estándares de consistencia internacional.