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Evita, un mito atemporal

Jueves, 9 de mayo de 2019 - 08:54 UTC
A los 27 años, Eva tocó el cielo con las manos, pero no se detuvo y se lanzó a la política: logró el voto femenino y desarrolló una vasta actividad de asistencia social A los 27 años, Eva tocó el cielo con las manos, pero no se detuvo y se lanzó a la política: logró el voto femenino y desarrolló una vasta actividad de asistencia social

María Eva Duarte de Perón, para el mundo Evita, tuvo una vida breve, de solo 33 años, pero de una intensidad impresionante, que dejó una marca profunda en la vida política y social de un país entero. Así lo demuestra el fervor que acompañó los preparativos por la conmemoración del centenario de su nacimiento, el 7 de mayo de 1919. Desde hace días, los medios locales recuerdan la organización de exposiciones, el lanzamiento de libros, obras teatrales y debates, además de obras de arte y esculturas. Y para los amantes de la cocina, hasta la oferta de un menú especial en el restaurante “El Santa Evita”, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. Sus orígenes no dejaban imaginar lo que sucedió después. Eva Duarte nació en la localidad de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires.

Con su madre Juana Ibarguren y sus cuatro hermanos formó la “familia irregular” de Juan Duarte, terrateniente que falleció cuando la futura Evita tenía apenas seis años. Insatisfecha por la vida modesta que llevaba en Junín, donde la familia se había trasladado, a los 15 años Eva decidió emigrar a la Ciudad de Buenos Aires para convertirse en actriz. Sin recursos, parecía un desafío imposible. Sin embargo, lo logró y gracias a las armas que dispone, entre ellas, un magnetismo irresistible, escaló posiciones en el mundo del espectáculo. Pero el destino le reservaba más. En enero de 1944 conoció al coronel Juan Domingo Perón, quien comenzó a cortejarla.

Fue el inicio de un ascenso vertiginoso, porque en el lapso de dos años se transformó en la consorte del oficial y por lo tanto del hombre que en febrero de 1946 venció las elecciones presidenciales. A los 27 años, Eva tocó el cielo con las manos. Pero no se detuvo. Se lanzó a la política -logró que se aprobara el voto femenino- y desarrolló una vasta actividad de asistencia social. La rebautizaron como la “Abanderada de los Humildes” (portavoz de los humildes) y “Madre de los Descamisados” (el apodo dado a los trabajadores partidarios de Perón). Eva, mientras ignoraba que la suerte le reservaba solo otros seis años de vida -murió de cáncer de útero en julio de 1952-, logró crear y consolidar su mito, inmortalizado hasta en un musical, que luego fue llevado al cine por Alan Parker en 1996, protagonizado por la cantante estadounidense Madonna. “Evita -dijo a ANSA Santiago Farrell, autor del libro 'Peronismo -Cómo explicar lo inexplicable'- fue el rostro del Estado de Bienestar que floreció en Argentina en 1946, antes de su desarrollo en Europa”.

”Aquellos nuevos derechos para la gente no venían de un Estado despersonalizado sino de la sensibilidad del gobierno ('Perón cumple, Evita dignifica')“, agregó. Para Farrell las posiciones de Evita, ideológicamente más progresistas de aquellas ”paternalistas“ de su esposo, nutrieron movimientos duros, de estilo socialista radical, que llevan a Perón a la izquierda, como Montoneros.

Hoy aquellos eslóganes perdieron actualidad pero Evita ”permanece omnipresente en la iconografía peronista. Y es evidente -dijo Farrell el deseo de la ex presidenta peronista Cristina Kirchner de mostrarse como la heredera de Evita. En su reciente libro, 'Sinceramente', hay varias menciones y comparaciones entre ambas figuras”. Durante muchos años, después de su muerte, los restos de Evita no tuvieron paz. Los militares que depusieron Perón en 1955 querían cremar el cadáver embalsamado de su esposa que, en cambio, con el aval del Vaticano, estuvo sepultado durante 16 años bajo un nombre falso en Milán, Italia. Perón, de la mano de Licio Gelli, logró trasladar los restos de Evita a Madrid, donde se encontraba en el exilio, para luego enviarlos a Argentina. Y cada día, miles veneran la tumba de Eva en el cementerio de Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires.

Por Maurizio Salvi

 

Categorías: Política, Argentina.