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Origen de la Semana de Turismo por oposición a Santa en la historia del Uruguay

Sábado, 20 de abril de 2019 - 10:42 UTC
Según el artículo quinto “todos los cultos religiosos son libres en Uruguay y que el Estado no sostiene religión alguna” Según el artículo quinto “todos los cultos religiosos son libres en Uruguay y que el Estado no sostiene religión alguna”

Bajo la corriente política del batllismo, movimiento de centro-izquierda que hacía asados de carne en la calle durante el Viernes Santo, Uruguay decidió hace un siglo renombrar la Semana Santa por la Semana de Turismo.

La Constitución de 1919, que estableció la separación entre el Estado y la Iglesia, fue la que dio pie para que en octubre del mismo año se promulgara una ley que renombrara los festivos del país. En tanto, el 6 de enero se pasó a llamar el Día de los Niños, el 8 de diciembre Día de las Playas, el 25 de diciembre Fiesta de la Familia y a la Semana Santa se la rebautizó como Semana de Turismo.

Según la historiadora Mónica Maronna, este cambio tiene que ver con dos elementos: por un lado, por el establecimiento del artículo quinto que dice que “todos los cultos religiosos son libres en Uruguay y que el Estado no sostiene religión alguna” y, por otro, por las ganas por parte del Estado de desarrollar el turismo como una actividad económica.

Este segundo hecho fue una de las razones por la que Uruguay decidió conservar el calendario católico para establecer las fechas de la Semana de Turismo, pese a que había algunos parlamentarios que querían separar totalmente estas vacaciones de la Semana Santa.

“En la discusión emergía el tema que eso era poco práctico para el turismo regional. Ahí se menciona específicamente el turismo argentino, que era el más importante en ese momento en la región. Entonces decían que la no coincidencia sería también un problema para atraer turismo”, subrayó la experta.

No obstante, de acuerdo con el también historiador Gabriel Quirici, el hecho que se celebre la Semana de Turismo acorde al mismo calendario también tiene que ver con que el Gobierno quería provocar a la Iglesia.

“En Uruguay a principios del siglo XX hubo un fuerte impulso secularizador liderado por el presidente Batlle y Ordóñez, que de alguna manera remató un proceso que se había iniciado desde fines del siglo XIX de separación de la Iglesia y del Estado” , resaltó y explicó que en Uruguay se estableció el registro y el matrimonio civil en 1880.

Quirici detalló también que en aquella época existía una concepción “muy crítica” por parte de la élite uruguaya que asociaba a la Iglesia con la época colonial y, por ende, “con un pasado que se quería superar” cuando se instauró en el continente una “mentalidad de progreso, de avanzada científica y cultural”.

“En ese sentido, Uruguay fue bastante radical en su prédica con una contraparte un poco débil, porque institucionalmente la Iglesia en Uruguay no tenía el mismo peso que tenían otras sociedades latinoamericanas, como Perú, México y mismo Argentina”, recalcó el también profesor de historia en la Universidad de la República.

Otro dato que resulta importante para entender la laicidad de Uruguay con apenas 3,6 millones de habitantes es que un tercio de la población se define como “ateo o agnóstico”, según contó Quirici apoyándose en diversos estudios recientes de sociología. “De los otros dos tercios, muchos son mayoritariamente cristianos, pero se declaran sin iglesia, o tienen algo de formación católica, pero no tienen una práctica de misa, de seguir los preceptos de una vida religiosa institucionalizada”, concluyó.