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Rousseff a Davos a tratar de convencer a inversores que Brasil está abierto a los negocios

Miércoles, 22 de enero de 2014 - 22:10 UTC
Pero los inversores están hartos de los cambios de política y del ministro Mantega Pero los inversores están hartos de los cambios de política y del ministro Mantega

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, intentará convencer esta semana a la elite empresarial mundial de que la primera economía de América Latina todavía representa una buena oportunidad de inversión, pese a registrar tres años de crecimiento débil.

 Por primera vez la mandataria, de orígenes guerrilleros, se mezclará con los ricos y poderosos en el Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos, a fin de persuadirlos de que cuenta con políticas abiertas a los negocios y asegurarles que evitará el derroche fiscal.

Se trata de un cambio radical para una gobernante con reputación de aplicar políticas severas que han reducido las ganancias de algunas compañías y afectado el precio de sus acciones. Dejando de lado el escepticismo sobre el futuro de Brasil, la tarea de Rousseff es un desafío cuesta arriba que se suma a sus esfuerzos para ser reelecta en octubre.

La alguna vez pujante economía brasileña se expandió apenas un 1% en el 2012 y los flujos de salida de capital del año pasado fueron los más elevados desde el 2002.

El gasto público sube de manera constante y los ingresos fiscales han disminuido debido a las exenciones tributarias que buscan estimular a las industrias, lo que aumentó el riesgo de una rebaja en la calificación de crédito soberano del país este año.

Brasil ya no es más el favorito de Wall Street, y claramente ha dejado atrás la época de expansión impulsada por el aumento en los precios de las materias primas de la que se benefició el predecesor y padrino político de Rousseff, Lula da Silva. A diferencia de la actual mandataria brasileña, Lula da Silva era un visitante regular de Davos.

Los líderes empresariales responsabilizan A Rousseff por enfriar el apetito de los inversores por Brasil con la excesiva interferencia del Gobierno en la economía. Algunas medidas “creativas” para cumplir con metas de ahorro también socavaron la imagen de su equipo económico, pero la presidenta ha resistido los llamados a reemplazar al ministro de Hacienda Guido Mantega.

La poca credibilidad del ministro en el sector financiero ha llevado a la propia presidencia a asumir la tarea de ofrecer seguridad a los inversores de que su Gobierno se apegará a la disciplina fiscal y mantendrá la inflación bajo control.

Mantega que planea acompañar a Rousseff en Davos, ha visto una merma en su credibilidad después de haber hartado a los inversores con frecuentes cambios a las normas tributarias, metas fiscales incumplidas y estimaciones de crecimiento económico demasiado optimistas.