
Las primeras urnas escrutadas en las elecciones locales celebradas este jueves en el Reino Unido confirmaron el avance del partido de extrema derecha Reform UK, liderado por Nigel Farage, en territorios históricamente dominados por el laborismo en el norte de Inglaterra y desencadenaron las primeras manifestaciones públicas de descontento dentro del propio partido del primer ministro Keir Starmer, en lo que diversos analistas describen ya como una de las jornadas electorales más adversas para el oficialismo desde su llegada al poder en julio de 2024. La votación, a la que concurrieron más de 5.000 escaños municipales en 136 autoridades locales y los parlamentos autónomos de Escocia y Gales, abrió la puerta a una eventual crisis interna sobre el liderazgo de Starmer.

El primer ministro británico, Boris Johnson, se negó este miércoles a renunciar a pesar de los llamados de la oposición de que tal medida era necesaria después de que los escándalos afectaran al número 10 de Downing Street.

El partido Laborista británico reafirmó esta semana su compromiso con las Islas Falkland y el derecho de su pueblo a la auto determinación.

El parlamento británico elegido en diciembre es el más diverso de la historia del Reino Unido, pero algunas diputadas negras, confundidas a menudo con empleadas de limpieza, afirman que queda mucho por hacer y denuncian un racismo latente.

Una delegación de legisladores electos y personal de apoyo están cumpliendo la ronda anual de visita a las conferencias de los partidos políticos británicos. Esta pasada semana le tocó el turno al Partido Laborista que encabeza Jeremy Corbyn el cual se reunió en la ciudad costera de Brighton.

El líder británico de la oposición, Jeremy Corbyn, dijo el miércoles que el Partido Laborista votará en contra de un acuerdo para el “Brexit” basado en las propuestas de Theresa May, la advertencia más fuerte hasta el momento a la primera ministra británica, cuyo plan para salir de la Unión Europea pende de un hilo.