El ministro de Transportes de España, Óscar Puente, presentó el martes su dimisión, seis días después del choque entre dos trenes de alta velocidad cerca de la localidad toledana de Urda en el que murieron al menos 69 personas. Puente anunció también que retira su nombre de las listas del Partido Socialista para las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre.
“Un ministro de Transportes en un país como España no puede permanecer en el cargo después de dos accidentes de esta gravedad en menos de un año”, afirmó en el Congreso, al término de una larga comparecencia en la que presentó nuevas medidas de seguridad ferroviaria y respondió a las críticas de la oposición. Se refería también al accidente de Adamuz, en Córdoba, en la misma línea, que causó 46 muertos en enero. Puente atribuyó su decisión a la “dignidad política”. Días antes había asegurado que no tenía intención de dimitir.
El Partido Popular y Vox, así como algunos socios del Gobierno, reclamaban su salida y lo acusaban de atribuir el accidente al error humano para eludir su propia responsabilidad sobre un sistema de alta velocidad cuya credibilidad el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, admitió que estaba “rota”. Sánchez elogió a Puente, que “dio la cara, dio respuestas y soluciones, y después se ha apartado. Por dignidad. Por voluntad propia. Por respeto a las víctimas”.
El accidente se produjo la mañana del 28 de octubre en la línea Madrid-Sevilla, cuando un AVE de Renfe con 397 pasajeros alcanzó por detrás a un tren de la compañía Iryo, detenido con 147 pasajeros a bordo tras un fallo del sistema informático de señalización. Grabaciones de las conversaciones entre el centro de control y los maquinistas, publicadas por la prensa española, muestran que el controlador autorizó al AVE a continuar “a velocidad normal” pese a que el tren de Iryo seguía parado unos 25 kilómetros más adelante. En otra grabación, el maquinista de Iryo advierte al centro de control de que no puede reanudar la marcha. Es el peor accidente ferroviario en España desde el de Santiago de Compostela en 2013.
La dimisión llega en un momento clave del calendario político, a menos de cuatro semanas de las elecciones generales. Según la BBC, numerosos analistas consideran que el accidente supone un duro golpe para las aspiraciones del Gobierno socialista, que las encuestas ya situaban por detrás del Partido Popular.