Rusia figura como uno de los orígenes señalados, aunque no el único, y las motivaciones son difíciles de determinar con precisión La Comisión Europea y expertos en verificación de información han detectado una corriente creciente de desinformación dirigida a las zonas rurales y al sector agroalimentario del continente, con campañas que explotan la controversia en torno al acuerdo comercial UE-Mercosur, el escepticismo climático y el rechazo a la inmigración.
Fuentes del Observatorio Ibérico de Medios Digitales (Iberifier) y de los servicios de la Comisión Europea confirmaron a EFE la existencia de indicios de campañas coordinadas centradas en los habitantes rurales. Rusia figura como uno de los orígenes señalados, aunque no el único, y las motivaciones son difíciles de determinar con precisión.
La preocupación de Bruselas se intensificó durante el proceso de aprobación del acuerdo comercial con Mercosur, firmado en enero de 2026 en Asunción pero cuya ratificación está suspendida tras la decisión del Parlamento Europeo de consultar al Tribunal de Justicia de la UE. En ese contexto, los servicios de la Comisión detectaron campañas diseñadas para desacreditar a la Unión Europea entre la población rural. Ya en 2024, la presidenta Ursula von der Leyen encargó al comisario de Agricultura, Christophe Hansen, que combatiera la difusión selectiva de desinformación en las zonas rurales como parte de sus prioridades para esta legislatura.
Ramón Salaverría, catedrático de Periodismo de la Universidad de Navarra y coordinador de Iberifier, identificó dos vertientes principales en los países occidentales. La primera se vincula con la crisis climática: la narrativa negacionista ha evolucionado hacia un cuestionamiento de las medidas propuestas por organismos internacionales para frenar el cambio climático. La segunda, menos frecuente, asocia la inmigración con las zonas rurales. Salaverría citó el caso del municipio español de Torre Pacheco, donde un discurso de odio contra migrantes inundó las redes sociales el verano pasado y desembocó en altercados violentos, alimentado por la idea de que la llegada de extranjeros trastoca la paz o la armonía de esos lugares.
En materia agroalimentaria, el experto distinguió tres tipos de actores detrás de la desinformación: grandes potencias con intereses geoestratégicos, organizaciones políticas o activistas de derecha y ultraizquierda en un contexto polarizado, y lo que denominó pura estafa, vinculada a intereses empresariales que buscan desprestigiar los productos de países competidores.
Los períodos electorales son momentos especialmente críticos. Iberifier señaló los incendios durante las legislativas de Portugal y las inundaciones en la provincia española de Valencia en 2024 como ejemplos de cómo los desastres naturales, por su componente emocional, se convierten en caldo de cultivo para la desinformación.
La Red Española de Desarrollo Rural (REDR) confirmó que Bruselas le ha pedido colaboración para combatir los bulos. Su gerenta, María José Murciano, indicó que la Comisión busca aliados en el territorio para contrarrestar las campañas. Salaverría, por su parte, advirtió que considerar más vulnerables a los habitantes rurales exige un análisis cuidadoso y no presuntuoso, aunque reconoció que las zonas rurales están más desatendidas en cuanto a información respaldada por evidencias científicas.