Caneada de ovejas y esquila en galpones a principios del siglo pasadoEl material y colección en línea de documentos que poseen los Archivos Nacionales Jane Cameron de las Islas Falkland son un tesoro inagotable sobre la historia escrita y gráfica de las Islas en las más variadas y distintas disciplinas.
En un esfuerzo especial, y con el receso estival, los editores del Penguin News rescataron del capítulo dedicado a la agricultura una excelente e ilustrativa narración sobre lo que por siglos fue la principal industria y explotación de las Falklands, la producción ovina, tanto de lanas como de carnes.
A continuación una somera presentación de “Historia de la cría de ovinos en las Islas Falkland, ”el cual permanece en los Archivos como un reportaje anónimo, pero tanto con los capítulos gananciosos como perdidosos.
Cuando el navegante y explorador francés Louis Antoine de Bougainville estableció el primer asentamiento en las Islas Falklands en 1764 trajo consigo un hato que consistía de unas siete vaquillas y dos toros, además de algunos cerdos, ovejas, tres caballos y una cabra. Se trató de un comienzo nada presuntuoso para lo que terminaría siendo la industria definitoria de lo que serían las Falklands.
Cada introducción de hacienda a las Islas fue esporádica. En 1776 el Capitán Macbride escribió al Earl of Egmont, “en vista que el Cabo Verde estaba en nuestro rumbo, me detuve en St Jago y me hice de algunas ovejas y cabras, machos y hembras, para desembarcar aquí, y espero que esto no haya desagradado a Su Señoría”.
Cria de ovinos en serio
La cría de ovinos en serio comenzó en torno a 1840. La mayoría de las ovejas en la Colonia provenían de América del Sur donde fueran criadas, en parte descriptas con desdén como “esa raza indiferente de patas largas de América del Sur”. El Gobernador de las Islas Moody escribiendo en 1842 creía que “la cría de ovejas respondería bien, si a gran escala, dada la abundancia de nutritivas pasturas”.
Notó que los inviernos eran más templados que en Inglaterra y que los suelos eran lo suficientemente firmes y secanos como para impedir el pietín en las pezuñas. Pero el optimismo resultó prematuro pues en 1843 el Gobernador reportó que no había pastores en la Colonia. “Las ovejas pastan donde les plazca sin ningún individuo para que las controle, los carneros siempre andan con las ovejas parideras, con los corderos perdidos en la profundidad del invierno sin ser puestos bajo resguardo”.
Muy pronto apareció la sarna, “contagiada de un rebaño importado infectado con sarna” y se narra que Whitington perdió la totalidad de su rebaño.
Los intentos por recomponer el hato fueron igualmente precarios. Un embarque de ovejas recién llegado fue descripto “como racialmente tan degenerativo que apenas lograba retener las características distintivas de carne ovina o lana”.
Enfermedades, pérdidas invernales y mala administración repetidamente redujeron el número de ovejas,
Sin embargo para 1850 y 1870 las condiciones comenzaron a cambiar. En 1871 el gobernador D’Arcy informó, “ahora ha comenzado a despertar entre los colonos que las Islas estaban mejor adaptadas para la cría de ovejas que de ganado bovino”.
Los pastos cortos fueron descriptos como “especialmente adaptados para ganado ovino, tan es así, que aún en las condiciones primitivas de crianza en las Islas Falkland, los ejemplares retienen las mismas buenas condiciones que lo hacen en Inglaterra.”
El número de ovejas creció rápidamente. Entre 1870 y 1872 aumentaron desde 64.675 a 124.690, y para 1877 había, 283.385 cabezas. Empero las enfermedades/pestes permanecieron como amenaza constante.
“Se debe admitir por todas las partes, que la sarna permanece como formidable enemigo a la prosperidad de la cría de ovinos en estas Islas”.
Baño sanitario de inmersión
El debate siguió en cuanto a si el baño sanitario de inmersión de las ovejas debía ser obligatorio. Uno de los productores argumentó y escribió en favor de cal y azufre, “esta temporada bañe a más de 3.000 ovejas, dos veces con cal y azufre líquido a un costo de £16.10chelines, en tanto la cantidad requerida de tabaco me hubiera costado £70. Por cierto que la cal y el azufre son una cura segura para la sarna, y no perjudica perceptiblemente la lana”.
El tema de los excedentes de ovinos también emergió tempranamente. Al principio las carcasas se dejaban pudrir en los campos, antes que se hiciera común hervirlos para permitir extraerle el sebo. Las primeras factorías de sebo se establecieron en 1874, en el asentamiento de Darwin. Y hacia 1880 la Falkland Islands Company estaba hirviendo miles de ovejas anualmente.
Aún así algunos productores reconocían que más valor podría extraerse de los ovinos.
“Estoy seguro que se les podría hacer pagar mucho más, si la carne de los cuartos traseros podía ser preservada en envases de lata”. Y se agregó que “la parte más pesada del animal, la cual de cierta forma ahora también es tirada, puede hacerse rentable si se convierte en un artículo de alimentación”.
Intentos de exportaciones congeladas en 1880 resultaron infructuosos. La aventura con el SS Selembria se desplomó y el barco refrigerador Hengist luego fue encallado y hundido.
Según la crónica, los envíos lograban bajos precios, y en el mercado de carnes de Smithfield en Inglaterra, se dijo que las carcasas de los ovinos de las Falklands eran demasiado grandes.
Un hito de cambio ocurrió cuando la erradicación de la sarna. En 1895 una Ordenanza sobre Sarna impuso una tasa a todos los campos con pasturas para financiar la inspección y obligatoriedad de erradicar la peste. En pocos años la peste fue eliminada y para el 1901 se informó que ningún caso de sarna había sido denunciado desde 1990. El número de ovinos creció rápidamente alcanzando 807.211 en 1898. El Romney gradualmente se impuso y reemplazó a otras como la raza dominante.
Plantas de enlatado
La largamente discutida movida hacia la preservación de los cortes ovinos finalmente tomó forma en 1910 con la instalación de dos plantas de enlatado en la isla Este. Para 1911 las operaciones estaban en plena ejecución, empleando a más de cien trabajadores con una producción de 25.000 latas de carne preservada. El Informe Colonial de 1912, afirmaba, “Este nuevo emprendimiento ha demostrado tener bastante de éxito. Los precios obtenidos por la carne enlatada son más altos que en 1911, y la carne ovina encontró un mercado pronto y satisfactorio en Gran Bretaña”.
Para 1913 las plantas produjeron 5.119 cajas valoradas en £6,470, junto a ocho cajas de extracto de carne por un valor de £1,700. En el 1914, se enlataron 17.000 ovejas y para el 1915 más del doble de ese número.
Las exportaciones de lana también resultaron significativas. En 1913 se exportaron 4.820,552 libras peso, con precios que alcanzaron 2 chelines y 7 peniques la libra de lana, para la zafra 1917/18, reflejando la demanda durante la primera guerra mundial.
En definitiva de comienzos inciertos y de repetidos reveses la crianza de ovejas se convirtió en la principal industria y actividad económica central de las Islas Falklands. La combinación de mejora de razas y de cruzas, el baño sanitario obligatorio de ovinos, y hasta ciertos procesos industriales ubicaron a la industria en una posición tanto más afirmada como estabilizada.
Declinación del rebaño y falta de corderos
Para principios de los años 1920, la explotación ovina en las Falklands estuvo firmemente establecida pero también con algunas tensiones. La producción de lana permanecía sustancial, empero el crecimiento había disminuido y las debilidades estructurales se volvían más aparentes.
“No solo el número de ovejas estaba declinando anualmente y sino además la principal reducción se daba en los rebaños más jóvenes”
Los porcentajes de parición eran bajos; en 1922 “el porcentaje de borregas comparado al de ovejas madre era del 59,67%”, y en el 2023 había caído a 46.1%”.
El Reportaje Colonial Anual del 1921 describió condiciones crudamente, “el rebaño de las Islas sin sangre nueva, los alambrados en muchos lugares necesitados de mantenimiento, galpones y las prensas de lanas para fardos desfasados, con pocas esperanzas de ser renovados y reemplazados…Muchas estancias en dificultades…”. La Primera Guerra Mundial demoró tareas de mantenimiento y renovación de equipos, y la recesión pos-conflicto expuso la subyacente debilidad. Una crítica recurrente fue la creciente tendencia al “terrateniente ausente”… Figura que se describía “quizá no injustificadamente” como la maldición de las Falklands, “sacando todo el dinero del país sin reinvertir un penique, lo que ha hecho tantísimo por hacer retroceder a las Islas”.
Lafone fue identificado como el primero a quien se le aplicara el término. La visión alternativa también quedó marcada: o sea que muchos colonos se retiraban por razones de salud y/o de familia pero continuaban a monitorear sus propiedades mediante informes y visitas.
Sin carbón, petróleo o minerales valiosos
En 1924 el gobernador Sir John Middleton se dirigió al Consejo Legislativo sobre el futuro de la industria ovina. Relevamientos geológicos habían finalmente “disipado los vagos deseos…de la ocurrencia de carbón, de petróleo y de otros valiosos minerales”.
Concluía, “No puedo sino enfatizar con fuerza la visión que debemos permanecer dependientes, como siempre lo hemos hecho, en la crianza de ovinos”. Pero además, los peligros de depender de una única industria, resaltaba, han sido “ampliamente demostrados”.
Su memorando destacaba ciertas limitaciones, “el clima y tipos de suelo no son favorables para asegurar los resultados más exitosos en la crianza de ovinos”
“El número de corderos que se desarrollan resalta la baja relación con el número de ovejas paridas y el número agregado de ovejas preñadas ha descendido por unas 150.000 en los últimos 25 años”. Se solicitó ayuda y consejos del exterior. Nueva Zelandia encomendó a Hugh Munro que estudie las condiciones, y el Instiuto Rowett en Aberdeen realizó investigaciones en las pasturas y la nutrición animal. El trabajo incluyó muestras de pastos y suelos y, “el examen patológico y químico de los huesos de ovejas y de corderos”.
Munro recomendó que, “un Campo Experimental debe ser establecido lo antes posible con la menor de demoras”.
Las prioridades principales incluyeron, “re-empastar suelos duros con plantación de superficie” “La plantación de raíces y cosechas de forrajes a gran escala extensiva es necesaria” y un drenaje limitado de las tierras con aguas retenidas. El gobierno de las Islas aprobó el esquema planteado y estableció el Campo Experimental en Port Louis, bajo el nombre de “1 Anson 1”.
Pero la iniciativa rápidamente se convirtió en contenciosa. Sir Arnold Hodson escribiría más tarde, “un grave error de juicio ha sido hecho en todo el enfoque en cuanto a la concepción y establecimiento del Campo Experimental”
Si bien no se cuestionaba la mayor experiencia de Munro, argumentó que el especialista, “no contó con el tiempo ni con la oportunidad de formular visiones fundadas en un asunto de tan vasto alcance como lo es la industria de la crianza ovina en las Islas Falkland”.
El Campo Experimental se cerró en 1928 y toda la hacienda y maquinaria fue a remate. En tanto las pérdidas en el rebaño de las Islas permanecieron muy severas, entre 1923 y 1932, “faltaron una 842,953 ovejas, aproximadamente unas 85,000 al año, o 13,7% del total del rebaño de las Islas”.
Cálculos del gobierno sugirieron que una mejora en el drenaje y manejo de suelos podría reducir significativamente tales pérdidas.
En 1937, el Sr. Davies de la Estación de desarrollo vegetal de Gales informó que, “la declinación en la capacidad de las pasturas para sostener el rebaño actual…continúa a retroceder”. Describió el sistema prevalente como “algo nada lejos de una explotación en estancias a gran escala”, y urgió, “una política urgente de mejoras de pasturas, junto a un sistema más intensivo de agricultura pastoril”.
Precios de la lana después de la II Guerra
Las condiciones de la Segunda Guerra Mundial también tuvieron su impacto en la producción ovina, hacia 1945 el número de ovejas había caído a 619,449. El ‘faltante’ de ovejas durante ese año alcanzó las 79,782, correspondiendo en su gran mayoría a perdidas entre ovinos jóvenes (corderada). La falta de mano de obra durante la guerra no hizo sino agravar dificultades.
Los precios de la lana pos-guerra se dispararon. Con la remoción de controles los precios saltaron de 2chelines y 9 peniques en 1949 a 8chelines y 9 peniques en 1951. “Las ganancias desbordaron y los productores rurales prosperaron más alla de sus mejores sueños”.
Hubo mejoras en viviendas y comodidades anexas, pero el tema del manejo de las pasturas persistió y al igual que el ‘faltante’ anual en el rebaño de las Islas permaneció muy alto.
Cierre de la planta de frio en Ajax Bay
Igualmente el problema de qué hacer con la disposición del excedente de ovejas viejas permaneció. Em 1947, la Corporación Colonial para el Desarrollo se ofreció a financiar y montar una planta de frío. Se eligió un predio en Ajax Bay y se comenzó a trabajar en 1949. El proyecto encontró dificultades de planificación, falta de mano de obra y limitaciones en entrega de equipos por los fletes marinos. Para 1953, la planta de frío que ya había costado casi medio millón de libras, estaba pronta para iniciar operaciones. Pero la respuesta fue limitada, para la primera zafra tan solo se enviaron a la planta 14.000 ovejas, y en todos los casos, “las ovejas más viejas y de descarte, sobre todo después de los baños sanitarios, sin intento alguno de engordarlas, y por tanto hasta un 39% de los envíos fueron rechazados.
En 1954, se entregaron a la planta de frio en Ajax Bay unas 16,000 ovejas, una vez más de muy mala calidad y en 1955 el emprendimiento fue finalmente cancelado.
Por tanto hacia mediados de los años cincuenta la cría de ovinos permaneció como la industria principal de las Falklands, aún condicionada por las mismas observaciones subyacentes identificadas con décadas de anterioridad: calidad de pasturas, los porcentajes de parición y sobrevivencia de corderos, traducidos en ‘faltantes’ del rebaño y los desafíos de convertir el excedente de ovejas en fuente de ingresos rentable y estable.
El asesoramiento científico, reformas legislativas y experimentos industriales se habían intentado para hacer frente a estos desafíos y preocupaciones. Y si bien los últimos reportes indican cierta mejora incremental en algunas áreas, también los límites impuestos por el clima, la geografía y la dependencia en la exportación de una única materia prima, permanecen para el campo en las Falklands.
Fuente Penguin News - Las fotos de época son de los Archivos Jane Cameron y de la FIC