Según los resultados, al inicio del Cenozoico el punto de depresión máxima se ubicaba sobre el Atlántico Sur Un nuevo estudio reconstruyó la evolución de la mayor depresión del geoide no hidrostático de la Tierra —conocida como Antarctic Geoid Low (AGL)— y concluyó que el fenómeno ha persistido durante al menos 70 millones de años, con un cambio marcado en su posición y su intensidad entre hace 50 y 30 millones de años.
La anomalía se expresa hoy como un “hueco” en la gravedad sobre el mar de Ross, entre Victoria Land y Marie Byrd Land. No es perceptible a escala humana, pero forma parte de las variaciones reales del campo gravitacional terrestre y puede traducirse en diferencias sutiles del nivel del mar, al influir sobre cómo se distribuye el agua en el océano.
El trabajo, publicado en Scientific Reports, buscó ir más allá de los mapas actuales de gravedad y “reconstruir la evolución a largo plazo del geoide durante los últimos 70 millones de años”, combinando modelos de convección del manto con estructuras de densidad inferidas por tomografía sísmica.
Según los resultados, al inicio del Cenozoico el punto de depresión máxima se ubicaba sobre el Atlántico Sur (aproximadamente entre 30°S y 45°S), y luego experimentó un desplazamiento rápido hacia la región del mar de Ross entre 40 y 30 millones de años. En el mismo período, el estudio identifica una “transición robusta” en la evolución del AGL.
Los autores distinguen dos etapas: entre 70 y 35 millones de años atrás, la amplitud de la depresión gravitacional osciló; desde hace 35 millones de años hasta el presente, aumentó alrededor de 30%. El estudio vincula esta intensificación con cambios en el aporte de flotabilidad del manto a distintas profundidades y con la influencia de un manto anómalamente cálido y ascendente bajo el sector del Ross Embayment.
El calendario geológico de esa intensificación coincide con un momento clave de la historia climática: la transición Eoceno–Oligoceno, un cambio hacia condiciones más frías que incluyó la primera gran glaciación de la Antártida hace ~34 millones de años. El artículo no afirma una causalidad directa, pero abre preguntas sobre cómo los procesos profundos del planeta pueden conectarse con observables de superficie, como el nivel del mar y la evolución de las capas de hielo.
La identificación moderna de estas variaciones se apoya en gravimetría satelital: misiones como GRACE han permitido mapear el campo gravitacional con alta precisión y seguir cambios en la distribución de masas en el sistema Tierra.