El movimiento de Flávio Bolsonaro ocurre mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva mantiene la delantera en sondeos tempranos y busca sostener su coalición de gobierno El senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, utilizó una gira internacional por Oriente Próximo para presentarse públicamente como aspirante a la presidencia de Brasil, en un movimiento que busca consolidar su perfil ante redes conservadoras transnacionales mientras la derecha brasileña intenta ordenar su oferta para las elecciones de 2026.
En un discurso en Jerusalén, el legislador de 44 años abrió su intervención en inglés con una declaración explícita de intenciones: “Hablo aquí hoy no solo como senador sino como candidato a la presidencia de Brasil”, dijo.
El viaje incluyó actos y reuniones en Israel, además de escalas posteriores en Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, en un itinerario que, de acuerdo con medios locales, apunta a reforzar credenciales internacionales y a movilizar simpatías entre aliados ideológicos del bolsonarismo fuera del país.
En paralelo, el tablero opositor brasileño muestra señales de reacomodo. En São Paulo —el mayor distrito electoral— dirigentes del espacio que orbita a la derecha han dado por “página virada” la hipótesis de que el gobernador Tarcísio de Freitas compita por la presidencia, un mensaje que, en la práctica, deja más espacio para que el apellido Bolsonaro vuelva a ocupar el centro de la escena.
El movimiento de Flávio Bolsonaro ocurre mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva mantiene la delantera en sondeos tempranos y busca sostener su coalición de gobierno, en un escenario en el que la seguridad pública, la economía y la polarización política siguen marcando el debate nacional. Analistas consultados por medios brasileños señalan que, con las candidaturas aún lejos de formalizarse, la batalla por la derecha pasa por dos frentes: retener la base bolsonarista y, al mismo tiempo, ampliar hacia votantes más moderados sin diluir el mensaje.
El senador, por su parte, ha enmarcado su proyección internacional como parte de un plan para “reconstruir” alianzas y reafirmar afinidades políticas, mientras sus adversarios lo acusan de exportar la confrontación doméstica y de convertir la política exterior en un acto de campaña. La contienda, aún embrionaria, empieza a definirse tanto en Brasilia como fuera del país.