El equipo estimó una longitud cercana a 11 metros, una dimensión que se compara con la de un autobús escolar Una expedición liderada por investigadores del CONICET y la Universidad de Buenos Aires (UBA) captó en video a una Stygiomedusa gigantea —con brazos orales que pueden extenderse varios metros— en aguas profundas del Mar Argentino, un registro poco frecuente para una especie que rara vez se observa en su hábitat natural. El ejemplar fue filmado a unos 250 metros de profundidad por el vehículo operado remotamente SuBastian, durante la campaña “Vida en los extremos” a bordo del buque científico R/V Falkor (too).
El equipo estimó una longitud cercana a 11 metros, una dimensión que se compara con la de un autobús escolar. La especie, apodada “medusa fantasma”, no presenta tentáculos urticantes como otras medusas: se alimenta usando cuatro largos brazos bucales para capturar plancton y pequeños organismos, en un entorno donde la observación directa es difícil y los registros globales siguen siendo escasos.
¡GIGANTE DEL ABISMO!
— Aconcagua Radio (@Aconcagua_radio) February 5, 2026
Científicos del CONICET y la UBA registraron en video a la medusa fantasma en el Mar Argentino.
Mide 11 metros de largo (como un colectivo escolar) y fue hallada a 253 metros de profundidad. #Ciencia #CONICET #MarArgentino #MedusaFantasma pic.twitter.com/MF3AdnfCY0
“No esperábamos ver este nivel de biodiversidad en el mar profundo argentino”, dijo la jefa científica de la expedición, María Emilia Bravo (UBA–CONICET), al describir los hallazgos a lo largo del talud continental. El comunicado de la misión también destacó la documentación de 28 especies “sospechadas” de ser nuevas para la ciencia, además de varios complejos arrecifales y ambientes de filtraciones frías (cold seeps) en sectores poco explorados.
El avistamiento de la medusa se enmarca en una campaña más amplia que recorrió la plataforma y el talud desde el área de Buenos Aires hasta el extremo sur, con foco en cañones submarinos y hábitats vulnerables. Entre los resultados, la expedición informó el mayor arrecife conocido del coral Bathelia candida y el registro de una “caída de ballena” en aguas profundas, un fenómeno que puede sostener ecosistemas temporales durante años.